Mediación es sinónimo de fracaso: los políticos han fracasado

05/10/2017

Maite Vázquez del Río.

Qué decir de nuevo sobre lo que estamos viviendo estos días en España, con toda la tensión concentrada en Cataluña. Fuera de la comunidad catalana hemos asistido estupefactos, tristes, horrorizados a lo que está sucediendo desde el 6 y 7 de septiembre. Al principio, creo, había una sensación de incredulidad, de que no era posible… pero los hechos nos han ido demostrando que la hoja de ruta anunciada por Puigdemont y su gobierno, y sus socios de ERC y la CUP se ha ido cumpliendo paso a paso. Todos lo sabíamos, pero no nos lo creíamos. No podemos darnos por engañados ni sentir que nos han mentido. Lo que dijeron en 2015 lo han cumplido. En sus negociaciones para configurar el nuevo Gobierno había declaración de intenciones, con fechas y plazos límite. El 6 de septiembre se hizo oficial.

Si ese 6 de septiembre todos nos preguntábamos, pero ¿cómo hemos llegado hasta esto? Después del 1-O, la toma de las calles por millones de personas, las imágenes de cargas de las fuerzas de seguridad, los claveles de las otras fuerzas de seguridad, el acoso a policías y guardias civiles, una huelga general convocada diez días antes pero que se centró en el uso de  la fuerza en unos siete colegios de más de 2.000…  (pero cargas que nunca debían haber tenido lugar). Ahora hemos llegado al odio, a la radicalidad que ha dado alas a los que rompieron con la ley que nos regía a todos en el conjunto de España y a las leyes catalanas que regulan la convivencia en la comunidad autónoma. El paisaje está lleno de cristales rotos cuyas heridas tardarán años en cicatrizar, si es que se consigue. Y todo porque la mitad del pueblo catalán no está de acuerdo con lo que está pasando, y ahora se siente maltratado por el Gobierno central y por su propio gobierno autonómico.

Estamos a pocos días de que los que se saltaron las leyes, continúen con su hoja de ruta y declaren la independencia de forma unilateral. Lo habían advertido, y lo van a cumplir. A muchos esta situación les llena de rabia, impotencia, hasta surgen las frases y reacciones más violentas… pero ya no de incredulidad. A otros nos invade la pena porque ya no parece que haya marcha atrás. No hay tiempo. Lo que no se ha hecho en más de cinco años es imposible que se resuelva en cuatro días. Gobierno central y gobierno autonómico se han enrocado. El primero apela a la ley, y tras ella se esconde; el segundo se escuda en un sentimiento que va creciendo por días. Mariano Rajoy se justifica por su resultado en las urnas; Puigdemont por el maltrato que sistemáticamente ha ido sufriendo su ‘país’.

Nos aseguran que ha habido intentos, pero que ha sido imposible hablar porque sobre la mesa había una condición inamovible: el referéndum. Y las negociaciones se han intensificado desde que se ha comprobado que ya no había marcha atrás, sin que los españoles de a pie nos enteremos de lo que pasa en la trastienda. Iglesia, mediadores internacionales, personas neutrales… cualquiera ahora puede valer para justificar el fracaso de unos políticos que nos han llevado al caos, a la peor crisis que está viviendo España desde que recuperamos la libertad tras la muerte natural del dictador.

Los españoles hemos sido un pueblo solidario y sacrificado que no nos merecemos estos políticos que no saben hacer lo que se les presupone: negociar, buscar soluciones y llegar a acuerdos por el bien común de todos los ciudadanos, con independencia de dónde viven y a quién votan. Nos gobiernan unos políticos fracasados, que deben hablar dejando sus intereses partidistas, y que necesitan de un mediador para salvar los trastos porque ellos han sido incapaces.

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