Manis y móviles

09/10/2017

Josep M. Orta.

Son tiempos convulsos y lo que ha de suceder esta semana para muchos es una incógnita. En este juego de ajedrez en el que no sólo son protagonistas los despachos si no que también la batalla se juega en la calle cobran un especial protagonismo los móviles.

En las numerosas manifestaciones que se desarrollan los últimos días en las ciudades catalanas el modo de conexión con lo que está sucediendo es el teléfono. Su uso es constante y la capacidad de las baterías limitado. No es raro que en el momento más inoportuno el aparato de la señal de alarma que se ha de recargar antes de apagarse definitivamente.

Entonces te encuentras en medio de una muchedumbre absolutamente incomunicado (no todos llevan encima el recargador portátil) y aunque la posibilidad de pedir prestado un móvil a un compañero siempre es posible, lo que no es raro que suceda es nuestra incapacidad para recordar un número de teléfono. Los marcadores automáticos que nos ofrecen los actuales teléfonos propician que los números que tenemos archivados en la memoria cada vez son más limitados. Antes tenías memorizados los teléfonos más habituales y el resto los llevabas escritos en una agenda. Además habían cabinas telefónicas y era habitual que los bares dispusieran teléfonos públicos. Ahora si te falla el móvil te quedas incomunicado y hasta que no lo recargas te ves impotente de conectar con nadie.

Los avances tecnológicos a veces nos juegan malas pasadas y, lo que es peor, nos dejan sin recursos.

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