En el mismo tono y firme que su último discurso ante las cámaras de televisión, ante el conflicto soberanistas de Cataluña, Felipe VI volvió a pedir la vuelta a la legalidad y el respeto al Estado de derecho ante el «inaceptable intento secesionista en su territorio nacional», que se resolverá con «sus legítimas instituciones democráticas, dentro del respeto a nuestra Constitución y ateniéndose a los valores y principios de la democracia parlamentaria». El Rey pronunciaba estas palabras durante la clausura de la entrega de los Premios Princesa de Asturias, a la que asistió la «plana mayor» de la Unión Europea para recibir el premio a la Concordia 2017.

Y continuó su discurso apostando por el futuro, sobre el que se mostró convencido de que «la España del siglo XXI, de la que Cataluña es y será una parte esencial, debe basarse en una suma leal y solidaria de esfuerzos, de sentimientos, de afectos y de proyectos», que siga «alimentando» la «vocación universal» de España y el «legítimo orgullo de pertenecer a la gran realidad democrática que es Europa».
En su opinión, «ningún proyecto de futuro se puede construir basándose en romper la convivencia democrática» y «ningún proyecto de progreso y libertad se sustenta en la desafección, ni en la división, siempre dolorosa y desgarradora, de la sociedad, de las familias y de los amigos». «Ningún proyecto puede conducir al aislamiento o al empobrecimiento de un pueblo», ha advertido.
«No renunciaremos a lo que juntos hemos construido»
Asimismo, el jefe de Estado ha recordado la «decisión soberana» de los españoles de «convivir juntos en democracia», compartiendo «éxitos y fracasos, triunfos y sacrificios», que han unido a los españoles «en alegrías y sufrimientos». «No lo podemos olvidar. Como no queremos ni podemos renunciar a lo que juntos hemos construido, sumando las aportaciones de todos, que constituye un valiosísimo legado que a todos y cada uno nos pertenece por igual», ha insistido, mientras agregaba que ello «ha sido posible gracias a una España cimentada en el deseo sincero de convivencia y de entendimiento», pero también «en el respeto de las normas y de las reglas de la democracia» y «en reconocer con grandeza y generosidad los errores del pasado para no caer de nuevo en ellos».
El monarca recordó que estos, años «han sido de una España en la que todos sus ciudadanos, independientemente de sus ideas o sus orígenes, » tuviesen la oportunidad de encontrar su lugar en paz y libertad, sin temores ni miedos a la imposición ni a la arbitrariedad, alejados del rencor y las fracturas».
También una España «abierta y solidaria», en la que todos los españoles pudieran reconocerse y en la que «los pueblos que la integran viesen protegidas, reconocidas y respetadas sus lenguas, sus culturas, sus tradiciones y sus instituciones«, como «verdadero patrimonio» que identifica y enriquece a todos.
Don Felipe ha recalcado que esos son precisamente los valores que estuvieron en la razón de ser de la UE, y hacen que el proyecto europeo, a su vez, forme parte «del ser de esa España», una Unión que «trasciende a los Estados» con respeto a todas las identidades y sensibilidades y que siga avanzando «hacia una mayor integración y convergencia», que es «el signo» de los actuales tiempos.
Democracia y Estado de derecho son indisociables
Igual que la UE ha sido «referente» para España y para la consolidación de su democracia, ha incidido en que España será para la UE «un pilar esencial de apoyo y lealtad» ante los desafíos que afronta, con respeto a «las reglas de convivencia» y basándose en «tres principios europeos que también son indisociables: la democracia, los derechos fundamentales y el Estado de Derecho».
«En estos tiempos duros y difíciles que vivimos, es necesario más que nunca reivindicar los principios democráticos en los que creemos y en los que se sustenta nuestra vida en común», ha dicho al final de su discurso, añadiendo que los actuales «son tiempos para la responsabilidad» y que los ciudadanos «lo merecen». Los ciudadanos, ha finalizado, «desean convivir y progresar en paz y que diariamente ofrecen un ejemplo de sacrificio, entrega y compromiso con su país».
El Rey ha recordado que la UE nació para devolver a los ciudadanos «la esperanza de una vida digna, regida por la libertad, la democracia y el Derecho» y es un proyecto destinado a que los propios ciudadanos nunca se permitan «dar u paso atrás, hacia el sectarismo, la arbitrariedad y la división, hacia el horror».
Solidaridad con los afectados por los incendios
En un discurso que ha comenzado expresando su solidaridad con los miles de afectados por los incendios en el noroeste de España y Portugal, y rindiendo homenaje a quienes han trabajado para extinguirlos, su homenaje a los premiados le ha permitido elogiar «la colaboración sincera, el trabajo en equipo y la unidad de propósitos».
Así ha sido en el caso del Premio de Investigación Científica y Técnica, que ha recaído en la Colaboración LIGO, y en el de Deportes, la selección neozelandesa de rugby All Blacks, en el que ha destacado las virtudes de «juego limpio, camaradería, solidaridad, educación, respeto» y «ejemplo de diversidad, fusión y culturas y tradiciones», un ejemplo para los niños y jóvenes.
Don Felipe ha elogiado la «pasión y la generosidad» de Archer H. Huntington, fundador en 1904 de la Hispanic Society, entidad que ha recibido el premio de Cooperación Internacional, como representación de «los ideales de unidad en la diversidad y de cultivo y protección de la tradición y la historia».
Al grupo humorístico argentino Les Luthiers, premio de Comunicación e Humanidades, les ha agradecido «tantas horas de risa y buen humor» basados en «muchas dosis de observación inteligente y mucha, mucha cultura», sin olvidar un recuerdo para los fallecidos integrantes Daniel Rabinovich y Gerardo Masana.
En el caso de la premiada de Ciencias Sociales, la pensadora británica Karen Armstrong, ha destacado la importancia que tiene para ella la «compasión» y su transformación en una «fuerza clara, luminosa y dinámica» para así «trascender al egoísmo».
Y sobre el escritor Adam Zagajewski, Premio de las Letras, ha recordado que sufrió «el dolor de la separación, de la violencia, la guerra y el exilio» y como él mismo dice que «una de sus patrias es la verdad».
Por último, se ha referido al premiado de las Artes, William Kentridge, como un maestro del dibujo que «se adentra en el espíritu humano» que, tras conocer de cerca «la injusticia del apartheid y el dolor padecido durante años por sus compatriotas sudafricanos», ha sabido «reflejar esta experiencia y su conciencia de hombre blanco privilegiado en una obra intensa, comprometida y valiente».
Los Premios, ha dicho el Rey, inspiran «esperanza» y muestran «el profundo significado tanto de la libertad creadora, del amor al conocimiento, al arte y a la cultura, como de la solidaridad y la justicia», además de dar «testimonio de la importancia del esfuerzo, de perseverar en el buen camino para culminar las obras valiosas, las que más duran y merecen la pena».
La «plana mayor» de la UE
Don Felipe pronunció su discurso ante los líderes de la UE, que se dieron cieta en el Teatro Campoamor para recibir el premio de la Concordia: el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Todos acudieron para apoyar al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que también asistió a la entrega de los premios, la primera vez desde hacía muchos años.
Los discursos de los tres, por separado, tenían el mismo denominador común: hacer frente a los «nacionalismos egoistas», como calificó Tajani en referencia al conflicto catalán que vive España y apostar por el diálogo y la desaparición de fronteras.
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