
En las empresas, como en cualquier lugar donde se lleve a cabo una actividad, se generan kilos y kilos de residuos que deben ser tratados para su eliminación. Acumulamos mucha basura, y su incorrecto tratamiento no hace más que perjudicar a un medioambiente y a un planeta al que ya le estamos pasando demasiada factura. Debemos cuidar lo que tenemos si de verdad queremos conservarlo.
Y lo mejor para seguir esta conservación es comenzar por vigilar cómo desarrollamos nuestra actividad y la generación de residuos que esta conlleva. La mejor forma de eliminar la basura es intentando que no se genere, o al menos que sea la menor cantidad posible. Los contenedores de basura tienen que albergar altas cantidades de restos que podrían no haber llegado nunca a ellos, o al menos colocarse en unos específicos para mejorar su separación y destinarlos a los lugares que les corresponden e incluso ser reutilizados con unos fines muy diferentes.
Pero, ¿cómo se consigue mejorar esta eliminación?, ¿cómo se pueden reducir para que se agilice su erradicación? La respuesta es tan sencilla que se reduce a una sola letra, la «R». Siguiendo el principio de las tres erres: Reducir, Reutilizar y Reciclar, podemos hacer que todo este proceso de tratamiento de basuras sea mucho mejor incluso en nuestra empresa. Reducimos tanto el impacto ambiental como la posible generación de olores o cualquier factor que afecte a la salubridad de nuestro entorno de trabajo.
Para saber cómo actuar conforme a estos principios y mejorar la eliminación de residuos en nuestro trabajo, e incluso favorecer al entorno, vamos a explicar en qué se basa cada uno de los 3 principios para que tanto tú como tus compañeros de empresa comiencen a actuar de una forma sana y consciente.
Reducir
Si se quiere reducir la cantidad de basura generada, lo ideal es comenzar por comprar solo lo que sea realmente necesario y, a ser posible, que sea biodegradable. Hay que concienciarse de que es mejor recurrir a tazas de cerámica o vasos de cristal antes que los de papel, que se acumulan más y más en los cubos de basura; pero también de que hay que aprovechar siempre el papel, utilizándolo por las dos caras en lugar de una.
Aprovechad al máximo todo el material y aparatos que tengáis a vuestra disposición. Si una impresora se gasta, quizás convenga más recargar sus cartuchos antes que comprar otros nuevos. Sale más barato y, además, genera menos residuos con los que tratar posteriormente.
Reutilizar
El correcto aprovechamiento de los materiales también podría entrar aquí; pero sin duda la palabra que mejor encaja en este principio es «repensar». Puede que un bolígrafo que se haya gastado deje de ser útil para escribir o dibujar, puede también que no haya recambios para recargarlo, pero, ¿y si lo utilizas con otro fin? Es posible, con un poco de imaginación, volver a usar mucho material y equipo de otra manera para darle más vida útil.
No hay que esforzarse demasiado para conseguir y llevar a cabo ideas tremendamente originales y prácticas. Solo hay que detenerse a pensar y reenfocar las cosas para buscar otra utilidad para eso que aparentemente ha quedado inútil.
Reciclar
La mejor forma de conseguir que el reciclaje sea algo más que una vaga idea, es comenzar separando todo tipo de residuos según categorías. Para esto es ideal, y necesario, que haya diferentes contenedores en el lugar de trabajo. Así, es posible hacer una separación tan sencilla como es la que se hace entre orgánicos e inorgánicos.
A partir de ahí, siempre que se vayan a tirar envases, es mejor reducir su tamaño aplastándolos y habiéndolos escurrido lo suficiente previamente (para evitar derrames indeseados). Tanto cartones como botellas pueden reducirse casi a una décima parte de su tamaño original, siempre que no sean de vidrio, pudiendo aprovechar el espacio en contenedores más y sin desperdicios.
Si todos en el lugar de trabajo hacen caso a esta regla de las tres erres no solo se mejorará la eliminación de residuos en la empresa, sino que también se actuará de una forma que favorece al medioambiente. Se disminuyen las emisiones, se reducen costes por el aprovechamiento de materiales y, para colmo, las condiciones de higiene mejoran para todos los empleados de una oficina o cualquier otro centro de trabajo.
Son todo ideas sencillas, principios muy básicos con una realización que no exige nada, pero que sí necesita atención y motivación. Muchos son los que empiezan y al poco desisten por vagueza o por mero olvido. Se debe ser perseverante si se busca mejorar en este ámbito. A la larga es algo que, a fin de cuentas, beneficia a todos.
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