Tres meses después de su adjudicación al Santander por la Junta Única de Resolución (JUR), el Banco Popular «se está normalizando muy rápidamente», destaca el director general financiero, José García Cantera, en la presentación de resultados hasta septiembre del grupo. De los 20.000 millones de euros en depósitos ‘fugados’ del Popular desde diciembre de 2016 al 7 de junio (fecha de la adjudicación), el Santander ha recuperado ya 11.000 millones. «Estamos contentos con el ritmo de recuperación, siempre se recupera más rápido el depósito corporativo e institucional, pero también es mas volátil, vemos una tracción buena y sostenida de recuperación de depósitos en retail, particularmente en pymes», subraya el consejero delegado, José Antonio Álvarez, que no fija fecha alguna para captar los 9.000 millones que faltan.
El crédito, que caía el 4% hasta el 7 de junio, «nos encontramos con unas cañerías que estaban bastante vacías», modera su descenso hasta el 3% al finalizar el tercer trimestre, y «ya está empezando a crecer», señala García Cantera.
Álvarez cree que antes de que acabe 2018 habrá finalizado la digestión del ‘ladrillo’ heredado del Banco Popular.
La adhesión al bono de fidelización diseñado por el Santander para compensar a los accionistas del Ppular que fueron a la última ampliación de capital supera ya el 60% del volumen total, aunque en número de clientes el porcentaje es menor. El consejero delegado del Santander se muestra «optimista, queda mes y medio, y muchos esperan al último minuto». «Llegaremos a cifras muy atractivas, en línea con nuestras expectativas», remarca.
«En las próximas semanas» comenzará con los sindicatos la negociación del ajuste en los servicios centrales, señala Álvarez. «La integración de sucursales requiere la previa integración tecnológica, lo cual nos lleva al año 2019», precisa.
Los costes de reestructuración por la integración de Popular ascienden a 1.300 millones de euros antes de impuestos (900 millones netos), que se repartirán entre éste y los dos próximos años.
Sobre el acuerdo de uso de cajeros automáticos que Popular y Targobank (Crédit Mutuel) tienen con ING hay «conversaciones exploratorias». El Santander está analizando todos los acuerdos que mantiene el Popular (Allianz, Värde, entre otros). «En algunos casos queremos comprar lo que es estratégico y en otros venderemos lo que no consideremos necesario para el negocio», señala el consejero delegado del Santander. La única pista la dio sobre Wizink, donde está Värde: «nos interesan las tarjetas de débito, no tanto otras partes de este negocio». Sobre el acuerdo con Allianz en seguros, Álvarez afirma que el Santander ya tiene uno similar con Aegon.
Totalbank, la entidad del Popular en EEUU, tiene abierto un proceso «que puede acabar en venta». El chileno BCI es el mejor colocado para su compra.
Dividendo más efectivo
El Santander prácticamente ha cumplido sus objetivos para este ejercicio. Quiere 17 millones de clientes vinculados, y ya lleva 16,5 millones; 25 millones de clientes digitales, y hasta septiembre son 24,2 millones; las comisiones crecen el 10%; el coste del crédito mejora 1,5 puntos; el peso de los gastos ya está por debajo del 47% (46,3%), y crecen tanto el beneficio como el dividendo por acción.
Sobre el dividendo en efectivo, ya está en marcha un plan para subirlo este año el 9%. Álvarez explica que el Santander divide el beneficio en tres partes: un tercio para pago de dividendos, otro para apoyar el crecimiento del negocio crediticio e inversión, y el tercero para reforzar la solvencia. “A finales de 2018 cumpliremos el objetivo del 11% de capital de máxima calidad, a partir de ahí se abre la expectativa de dedicar más beneficio a mayor crecimiento del negocio o a más dividendo. El consejo lo suele decidir en enero o febrero, cuando prepara el orden del día de la junta general de accionistas”, añade el consejero delegado.
Seguridad jurídica en Cataluña
Álvarez reconoce que si el Santander hubiera tenido su sede social en Cataluña, habría hecho lo mismo que el Sabadell o CaixaBank, para lograr seguridad jurídica. Cree que las tensiones independentistas tienen un impacto limitado en decisiones de inversión, pero dependerá de cuánto tiempo se prolonguen. «Las inercias son fuertes si se resuelve esta situación», subraya.
“El movimiento de depósitos no ha sido relevante, aunque sí hemos apreciado un cierto nerviosismo de clientes, sí ha llegado algo más al banco, pero no solo en Cataluña”, matiza sobre la fuga de dinero de esta zona.
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