Elecciones bajo sospecha

13/11/2017

Josep M. Orta.

Hasta ahora prácticamente nadie recelaba que las elecciones fueran limpias y los votos introducidos en las urnas se correspondieran con los resultados. Hubo momentos para sospechar, como los resultados del referéndum de la OTAN y más recientemente los de los últimas elecciones generales donde todas las encuestas auguraban un sorpasso de Podemos al PSOE, incluso las vietnamitas a pie de urna auguraban unos resultados muy diferentes a los que finalmente se oficializaron.

Sin embargo nadie cuestionaba la limpieza de los sistemas electorales en los diferentes comicios, pero esta fe ciega empieza a quebrarse entre el electorado catalán ante los atípicos comicios del 21 de diciembre hasta el punto que ya se oyen voces que reclaman la presencia de observadores internacionales que garanticen la limpieza del proceso.

Mariano Rajoy ha jugado muy fuerte convocando unas elecciones tras aplicar el artículo 155 que implicaba la destitución del gobierno elegido por los ciudadanos mientras los jueces tomaban unas decisiones discutidas por una parte más que significativa de juristas. Al tiempo que encarcelaban a un números significativo de dirigentes catalanes propiciando que en la democracia española hubieran presos políticos (nunca ningún país reconoce tener presos políticos) y provocando el exilio de otros, sin olvidar el aperitivo de la “operación Catalunya” cuyos responsables se han ido de rositas.

En Catalunya hay un estado de excepción con sus instituciones intervenidas y esto ha soliviantado a no pocos ciudadanos y previsiblemente ha propiciado que personas no nacionalistas acudan a las urnas apoyando a las fuerzas secesionistas. Es el voto emocional de quien se siente ultrajado y humillado. Además que algunos candidatos tengan que hacer campaña desde la cárcel o desde el exilio no es precisamente una situación ejemplar. El mensaje que un pueblo no puede decidir su futuro es difícil de vender.

La irrupción del nacionalismo español -con no pocos episodios de violencia- y los apocalípticos mensajes de sus dirigentes puede tener un efecto contraproducente (las bajas entre los socialistas son significativas).

Los resultados de las elecciones, esta vez más que nunca, son imprevisibles pero nadie descarta que el resultado de las urnas no sea del agrado de la Moncloa y sus aliados. Ya pasó en el País Vasco a finales de los ochenta cuando las fuerzas españolistas se conjuraron durante la campaña para desplazar a los nacionalistas de Ajuria Enea y el resultado fue una contundente victoria del PNV. No es extraño que diversos partidos han reclamado al Gobierno el compromiso de aceptar el resultado de las urnas.

La apuesta de Mariano Rajoy y sus aliados es contundente y los medios que están utilizando hacen prever una campaña crispada. Los mensajes que lanzan los unionistas no son precisamente conciliadores…

¿Qué pasa si el tiro les sale por la culata? Por ello en muchos sectores nacionalistas se empieza a dudar de la limpieza de estas elecciones, por que sería muy duro para sus propósitos un revés electoral.

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