Parménides gana el Planeta

06/12/2017

Miguel Ángel Valero. El poder de la palabra y de la literatura para llevarnos a lo trascendente, y la búsqueda del origen de las ideas protagonizan "El fuego de lo invisible", de Javier Sierra.

Todas las leyendas que pululan en torno al Premio Planeta se desvanecen cuando uno lee con ojos limpios “El fuego invisible”, de Javier Sierra, un autor que no necesita presentación. El argumento de la novela es sencillo: animado por la directora de Estudios del Trinity College de Dublín (Irlanda), David Salas, el profesor más joven de la institución, experto en Lingüística, y que acaba de leer su tesis doctoral sobre el filósofo griego Parménides, viaja a Madrid para localizar un “Primus calamus” de Juan Caramuel (uno de los libros más raros y mejor ilustrados del Siglo de Oro español).

La novela de Javier Sierra describe un viaje de autodescubrimiento de una persona que, para escribir su tesis, imita a Parménides de Elea y se encierra durante dos días y dos noches, en completa oscuridad y ayuno, en una cueva. Así, con el método de la “incubación”, es como Parménides enseñaba a sus alumnos a alcanzar la comunicación con los dioses.

Los avatares de ese viaje en busca de lo que su abuelo describe como “el fuego invisible de la creatividad”  llevan al protagonista a La Montaña Artificial (una especie de Academia platónica dirigida por una escritora de novelas de misterio)  y a la búsqueda del ‘grial’ (que no es lo que uno siempre ha escuchado de él) siguiendo ‘Li contes del graal’ (“El cuento del grial”), escrito hacia 1180 por Chrétien de Troyes, pasando por el Museo Nacional de Arte de Cataluña, ocho iglesias románicas en el condado de los Pallars (número no casual, porque también son 8 las radios y las flores del crismón, y las Damas del Grial, entre otras), en los Pirineos, la montaña artificial del Retiro en Madrid, la catedral de Valencia y de San Pedro de Jaca (Huesca), monasterios de Huesca y Lleida, la Fuente Mágica de Barcelona, y el sepulcro del tenor Francesc Viñas, en Montjuic (Barcelona).

Por el libro aparece el poder de la palabra, “la llave para acceder al alma del mundo”. Y la literatura, que se inventó “para abrirnos paso a lo trascendente”, “para elevar nuestras conciencias hacia lo sublime”.

También la mentira: “nos mentimos para mo parecer débiles, para no ofender, parfa proteger nuestra identidad física o incluso para salvaguardar lo que no es nuestro, mentimos y nos mienten desde que nacemos”; “aprendemos a convivir tan bien con la mentira que sólo cuando ésta aparece desnuda ante nosotros nos damos cuenta de cuán perversa es”.

Y figuras como Parménides, el primer filósofo que se centró en buscar de dónde vienen las grandes ideas. Platón, del que Javier Sierra recoge una cita de su “Crátilo”: “el que conoce los nombres, conoce también las cosas”. O las escuelas mistéricas de la Grecia Clásica, con complejos rituales e invocaciones a los muertos.

Sócrates habla de las voces que le dictaban las ideas. Un concepto que aparecerá también en otros autores a lo largo de toda la Historia. Como los ‘daimones’ (que la Iglesia se apropia en los demonios), unas voces que hablan y condicionan la vida de los seres humanos desde lo más profundo de ellos mismos, y mencionados también por Pitágoras.

También aparecen las “sombras”, unos misteriosos personajes que buscan apropiarse del fuego invisible de la creatividad persiguiendo a pensadores y escritores. Y conceptos como la Teoría de los Secretos, el arte de esconder algo haciéndolo visible para todos, pero únicamente comprensible para los iniciados.

“Sólo el que sabe preguntar puede llegar a alcanzar la verdad”, descubre el protagonista en su viaje, una búsqueda del origen de las ideas que lleva a cuestionar todo lo que hasta entonces creía saber.

“Ninguna novela resiste en la memoria colectiva si no es porque ha tocado ‘algo’, una fibra invisible de nuestra sensibilidad, o ha aportado alguna respuesta a las dudas de sus lectores”, afirma Sierra.

Parece que describe su propia novela, una reflexión sobre el origen del pensamiento, el poder de la palabra, la fuente de la creatividad. En definitiva, sobre el alma de la humanidad, lo que nos hace diferente del resto de los seres creados.

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