El Caso Salazar, ¿quién filtro la información? (2ª Parte)

06/12/2017

Francisco Canos.

“El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión del conocimiento” Stephen Hawking

“Ha sido Isabel” le suelta Manuel. “¿Cómo?” le contesta con cara de sorpresa Gregorio. “¿Te refieres a que no te lo esperabas o a cómo lo ha hecho?” le pregunta Manuel. “La verdad, ambas” le confiesa Gregorio Salazar preparándose para lo peor.

El proyecto hoy malogrado empezó hace 1 año cuando el ministerio informó por los cauces habituales que la misión comercial, al país del Golfo, liderada por el actual Rey, había dado sus frutos. No iban a ser los únicos, pero habían sido seleccionados por los responsables de ese país y formaban parte de la “short list” junto a otros 4 competidores de primera línea. El proyecto merecía la pena, el tamaño era importante, casi tres mil millones de euros, la visibilidad enorme. El liderazgo mundial en este tipo de infraestructuras estaba al alcance de la mano.

No se escatimaron esfuerzos. Tanto en la parte técnica como en la comercial. Múltiples viajes, mucha gente. Se procesaron ingentes cantidades de información. Miles de horas analizando datos, simulando estructuras, estableciendo procesos. La viabilidad del proyecto se ratificó, y la capacidad de la empresa para ejecutarlo se estableció. Sólo faltaba ponerle precio.

Es curioso que al final todo se reduce a un número, ¿Qué precio le vamos a proponer al Emir? Aquí cambió el perfil de la gente involucrada. Los ingenieros fueron sustituidos por los banqueros. “Performance bonds” arriba y abajo, garantías varias del proyecto, pagos adelantados que habría que financiar, riesgos que habría que tener presentes, ¿y si el proyecto se viene abajo? ¿y si el Emir es “substituido”? Los abogados de la casa revisaban todos los documentos, coma por coma. Mucho borrador, mucho junior picando texto, que los seniors revisarían, firmarían y cobrarían a precio de oro. Gente de la casa revisando temas, secretarias coordinando reuniones. Se crearon “data rooms” en los que sentarse los distintos grupos en base a “need to know”. La información tenía que tratarse con todo el cuidado posible. Se firmaron NDA’s. Se crearon espacios seguros, servidores específicos que contenían la información manejada. Se daba acceso a determinada gente con sus privilegios de acceso correspondientes. Estaba claro que se le daba importancia, pero al final todos esos datos eran irrelevantes en comparación con el resultado último. ¿Y el precio es? El máximo ejecutivo tenía que dar su visto bueno. Se había reducido el número de gente que tendría que saberlo. No eran más que 10 personas. Se reunieron en el “data room” sólos. Se barajaron distintas cifras, se llegó a un acuerdo sobre la más conveniente, se puso en un sobre, se cerró, se lacró y se mandó a la embajada y desde ahí por valija diplomática llegaría al siguiente día al equipo del Emir. Cuantas horas, cuantos cafés, cuantos sándwiches habían traído los amables encargados del catering.

Cuando se abrieron los 5 sobres, la dispersión de precios fue la esperada, excepto entre la del ganador y el segundo. Tan pequeña que parecían la misma. La oferta de Gregorio Salazar quedó segunda. Se perdió. El olor a chamusquina atravesaba el Golfo hasta llegar a la Castellana. Ya no había nada que hacer, más que investigar lo acaecido. Realizar un análisis forense de lo que había pasado. El famoso análisis post-mortem. ¡Qué descriptiva era la palabra!

Manuel se puso manos a la obra. Aún no estaban puestas todas las medidas que él tenía en mente, pero algo sí que se había hecho. Al tener aislados los flujos de datos desde el servidor se pudo establecer tráficos de transmisión. Registros de los terminales de acceso, tanto físicos (desktop) como móviles. Se tenía sus direcciones IP que los identificaban de forma única. Se había eliminado el acceso a las torres de comunicaciones cercanas, con la excusa de la mala cobertura en la zona de “data rooms”. Eso hacía que las comunicaciones se tuvieran que realizar a través de la Wi-Fi de la empresa, y por tanto poder ser controlada en cierto modo. Se puso un password diferente dentro de cada sala que sólo estaba accesible desde dentro. Incluso se les había pedido a los más juniors que dejasen sus móviles a la entrada. A los seniors era más complicado, y a los jefes, ni te cuento.

Se revisaron cámaras exteriores, documentos, se preguntó discretamente a mucha gente. Todo ello necesario, pero insuficiente. La clave no estaba ahí. Sus amigos israelíes le habían dado una idea a la que le estuvo dando vueltas y vueltas. El sistema es tan robusto como su eslabón más vulnerable. Muchas veces lo tenemos delante y no lo vemos. Isabel, la jefa del servicio de limpieza y catering. La responsable de que todo estuviese impecable el día después de una jornada intensa. Que la jornada te recibiera con el agradable aroma de café recién hecho. Que las horas se hicieran más llevaderas con esos mini-sándwiches tan ricos. Manuel descubrió una conexión de un dispositivo móvil transmitiendo un archivo compatible con un fichero de audio. Una vulgar grabadora digital fue encontrada en uno de las papeleras industriales que estaban a la salida de los “data room” para depositar el material sensible que no se iba a utilizar. La grabación reflejaba las conversaciones mantenidas dentro del “data room” del precio último. Sólo había que conectarse al Wi-Fi, y mandar por Telegram o Whatsapp el audio grabado a su destinatario final. Manuel fue a ver a Recursos Humanos. Isabel se había despedido al día siguiente de enviarse el sobre con el último precio. Estaba en paradero desconocido.

Manuel se lo contó todo a Gregorio. La parte legal seguiría su curso, pero la lección estaba ahí. Había muchas cosas que mejorar, algunas tecnológicas y otras de procedimiento y gestión humana. De las últimas tendría que hablar con Recursos Humanos y con Legal, entre otros. De la parte tecnológica tenía a su disposición un “pequeño” arsenal de herramientas de última generación, aún no disponibles en el mercado que habían puesto a su alcance sus conocidos israelíes. ¿Cuáles son? Si lo contara en público…el caso Salazar se haría “innecesariamente” famoso.

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