El que fuera director del Banco de España en los años ochenta y coinsiderado uno de los mayores expertos del mundo en crisis bancarias, Aristóbulo de Juan, critica en la comisión del Congreso de los Diputados que investiga el rescate a la banca que en el Banco de España existía «tolerancia regulatoria» a la hora de valorar activos de las entidades financieras, ya que se creía que la crisis «se arreglaba en un año o dos».
Esa «tolerancia regulatoria», que Aristóbulo de Juan cree que «ya venía de antes» de estallar la crisis», permitió «contabilizar ingresos como buenos, cuando eran devengos que no se iban a pagar porque estaban refinanciados». Se refinanciaban «operaciones malas porque así parecen buenas», lo que permitía cumplir con la regulación. Eso explica que la morosidad, que en octubre de 2007 era del 0,5%, en 2011 se disparara al 15-20%
«A las entidades financieras no les interesaba reconocer la morosidad de sus clientes, porque les obligaría a incrementar su colchón de provisiones y, consecuentemente, reducir sus bonus y dividendos. Por ello, se alargaba el plazo generosamente y se refinanciaban estos préstamos, a pesar de que el deudor no se encontraba en condiciones de devolverlos, creando una bola de nieve que todavía no se ha resuelto».
Lamenta que, en los primeros años de la crisis, no se llegara a identificar los problemas de solvencia de las entidades financiera. Y subraya que, al tratar de evitar la intervención con dinero público, los inspectores del Banco de España «quedaban mediatizados». «Su labor se limitaba a asesorar a entidades para salvar problemas regulatorios, en lugar de identificar problemas de solvencia y exigir su corrección, sólo así se explican casos como el del Popular», señala.
«Todos sabían que existía una burbuja, y había instrumentos para frenarla, pero ninguno lo hizo. Ni en España, ni en Estados Unidos ni en ningún sitio», insiste Aristóbulo de Juan. «No descartaría de que hubiera presiones del propio Gobierno de decir ‘no me pares la fiesta'», enfatiza.
Al estallar la crisis, el «tratamiento» aplicado por el Gobierno fue «tardío, artificioso y costoso». Aunque había posibilidades de actuar ante ciertos «obstáculos que evitaron una buena supervisión», cree que existía una «dudosa voluntad del Gobierno» para eliminarlos. «¿Como vas a decir que el sistema estaba mal cuando estabas pregonando que era el mejor del mundo?», concluye.
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