Inventario generacional

14/06/2011

Daniel Serrano.

Somos aquello que fuimos.

Cenizas del paraíso, el lento crepitar de los atardeceres de verano en la Sierra, leche de pantera y vespinos y chicles de fresa ácida, HoldenCaulfield, Demian, los rebeldes de Coppola, dar cera/pulir cera, esta tontería llamada amor,la discoteca, lugar sagrado de iniciáticas atrocidades, el primer beso sabe a caramelo y a whisky, y si te vuelvo a ver pintar un corazón de tiza en la pared, Duncan Dhu, U2, purple rain,el viejo vinilo de las tardes de lluvia, qué va a ser de ti lejos de casa, nena, qué va a ser de ti,  Paul Auster, Loriga, Tokyo ya no nos quiere, sostiene el apuesto literato, Bill Murray asiente en una melancolía infinita de rascacielos apagados, y aún más, las Converse AllStar rojas, el Superpop, la raya blanca de un avión en el azul del cielo,More thanthis musita Brian Ferry situado al borde de un skyline nocturno que es puro Nueva York en sueños.

Dulce pájaro de juventud.

Adoro ponerme cursi.

Somos incorregibles. Profesamos un irreprimible afán nostálgico y, sin que venga a cuento, sacamos las viejas fotos del cajón, fotografías con la fósil gravidez del papel, y nos empleamos a fondo en una arqueología de colores satinados y siempre acabamos añorando el hielo rosa radiactivo de aquellos polos cargados de colorante y reescribiendo en secreto el poema que iniciamos a boli en el cartón amarillo del interior de una carpeta .Cuandoel futuro era 3º de Bup.

Pues bien, así somos y Marina Fernández Bielsa es uno de los nuestros y todas esas referencias con las que he arrancado esta confesión de lector disperso son referencias que hallamos en Los patos de Central Park.

¿Y qué es Los patos de Central Park? Una bonita historia de amor y adolescencia. O de desamores cruzados y finales de trayecto.

Marina Fernández Bielsa ha escrito una novela de enorme potencia evocadora. Con Los patos de Central Park penetramos en ese territorio de los recuerdos que tanto se suele transitar cuando la vida se detiene, cuando (como le ocurre a la protagonista del relato) da la impresión de que estamos haciendo una escala extraña en un larguísimo viaje transoceánico hacia no se sabe dónde.

Y, además, el libro está bien escrito y tiene una agilidad envidiable y no se pierde en manierismos como los que tanto se enredan a los dedos de este lector disperso, e incluye fragmentos como el que sentencia: “…sabernos supervivientes. Eso ya es algo”. Sí, eso ya es algo. Me gusta.

Tan solo una objeción (permítaseme la impertinencia): el retrato en negro de Rebeca. Resulta un tanto impostado tal personaje, la bruja necesaria que demuestra lo mal que sienta cumplir años a quienes renuncian a demasiadas cosas.

Apenas un pecado venial en cualquier caso, porque Los patos de Central Park, relato de una mujer en crisis a punto de atravesar la frontera de los treinta años, es una novela de lo más apetecible, una lectura que se goza a toda velocidad.

Sobre todo, confesémoslo, para aquellos que disfrutamos haciendo inventario generacional y todavía nos regalamos a media tarde la tropelía cruentamente engordante de un phoskitos que nos devuelve a otro tiempo, a otro lugar.Cuanto el futuro era 8º de EGB.

Los patos de Central Park. Marina Fernández Bielsa. Alfaqueque Ediciones. 94 páginas.

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6 pensamientos en “Inventario generacional

  1. Entre las manos lo tengo ahora mismo, estimado lector disperso. La mitad deglutida y esas sensaciones que evoca rodeando cada movimiento que hago. Es de esas novelas que da miedo abrir porque anulan el poder de algunos tiempos verbales para entregarle la victoria a los más inconvenientes. Ya veremos en que acaba la aventura lectora. Si no hubiera sido por el título(que hace referencia a una de mis frases favoritas de la historia de la literatura) quizás nunca lo hubiera comprado. Ahora estoy contenta de haberlo hecho y me encanta la coincidencia, después de tu visita a la Feria del libro y tus consejos lectores, volvieron mis ganas de salir pitando, afortunadamente Chaves Nogales me cortó el paso.

    Saludos cordiales

  2. Sin duda una lectura muy recomendable en estos tiempos de velocidad y apariencia. Una maravillosa excursión interior. Mi agradecimiento a la autora.

  3. No sois un poco jóvenes para tanta nostalgia e inventario generacional? Como dijo De Vries, la nostalgia ya no es lo que era… Quizás mejor la de otro tipo, tal vez menos evidente: la «amarga nostalgia de incomprensibles cosas» de Juan Ramón. Pero sólo son opiniones… NB: me alegro que no me hayas expulsado de clase (todavía).

  4. Estimado lector disperso:

    Placentero el baño semanal pese a que el agua esturiera ocasiones demasiado caliente. El pasado es siempre una herida con multitud de costras y por tanto el agua caliente no es el mejor plan. Afortunadamente el futuro, es más perro que gato y admite todas las temperaturas sobre su todavía inventado cuerpo.
    Gracias por la delicatessen aunque esta vez ya la tuviera en las manos cuando llegó.
    Saludos cordiales.

  5. ¡Gracias! Lector Disperso. Por recomendarnos el libro. Por dárnoslo a conocer. ¡Gracias a Marina! Por hacernos mirar atrás. Quizá con algún año más, pero con el mismo espíritu, en mi caso. ¿Me ha gustado el libro?. Pues no sólo eso, me ha encantado. Comencé a leerlo y no pude parar. Un placer leerlo. ¡Qué tiempos aquellos!. ¡Salud!.

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