Pierre Corneille pone en boca del protagonista de su obra “Le menteur” la frase “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Quizás algunos recordaron esta frase la noche del jueves al ver los resultados de las elecciones catalanas y los más lúcidos se escandalizaron por los análisis de la situación que poco antes hacían los dirigentes del PP asegurando que habían descabezado a los nacionalistas e iban a seguir “liquidando al independentismo”, aparte de vanagloriarse de los efectos terapéúticos que la aplicación del artículo 155 había tenido en la sociedad catalana.
El resultado que dieron las urnas son una prueba que los analistas tanto del PP como de La Moncloa son manifiestamente mejorables. Es más, en el llamado conflicto catalán demuestran su nula capacidad para entender lo que está pasando. Hace unos días Rajoy se mostraba eufórico por los efectos que había tenido la represión en Catalunya y la judicilización de la vida política, incluso aseguraba mostrarse en plena forma y mostraba su predisposición a volver a presentarse en las próximas generales, seguro de revalidar su victoria.
Pero las urnas, a veces, son muy crueles sobretodo si los análisis que se hacen de la situación son erróneos. Ahora la política del PP ha servido una pelota de gol a su gran rival electoral, que en estos momentos no es otro que Ciudadanos. El partido de Albert Rivera ha cosechado una gran victoria en Catalunya, estéril en la vida política catalana pero muy útil de cara a posicionarse como candidato a La Moncloa. Mientras los populares han de beber el trago amargo de ser la última fuerza parlamentaria en Catalunya, superando por décimas el 4 por ciento del electorado y sólo logrando tres escaños en la circunscripción de Barcelona, y en un país normal esto tiene repercusiones.
Además su enemigo a batir en esta contienda, los nacionalistas, no sólo han repetido la mayoría absoluta a pesar de tener a muchos de sus candidatos en la cárcel o en el exilio si no que ha aumentado en cien mil votos. Además la guardia civil ha enviado al juez Llarena un atestado señalando a los responsables, entre otras acciones, de las multitudinarias manifestaciones que desde hace cinco años se celebran en Catalunya el Onze de Setembre.
El dilema es seguir la represión con un macro “proceso a Catalunya” o empezar a hacer política, en caso que aún esté a tiempo de hacerlo.
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