El alza sostenida del precio del petróleo, que esta semana en el caso del Brent (referente en Europa) se ha traducido en una cotización de 70 dólares el barril, es un buena noticia para los estados miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y para las naciones, lideradas por Rusia, que alcanzaron un acuerdo para controlar el bombeo de crudo. También el West Texas (referente en Estados Unidos) marca precios récord, pese al aumento de las reservas en ese país en 1,6 millones de barriles la semana pasada, hasta 429,9 millones de barriles.
Esa excelente trayectoria para las naciones que ratificaron este año el pacto de reducción de la producción, cuenta con otras consecuencias no tan positivas para el cártel y sus aliados. Y la más relevante está focalizada en Estados Unidos: los precios elevados están dando alas a la nueva tecnología fracking, la que más está impactando en la más que centenaria industria petrolera.
En este contexto, la producción de petróleo con la técnica esquisto está incrementando su aportación al mercado al ritmo más elevado desde su nacimiento. Esta evolución, que tendrá repercusiones en las cotizaciones al menos a medio plazo, conlleva además un cambio en la cúspide del ranking de las naciones productoras de oro negro. Y, según diversos informes del sector, puede implicar que Estados Unidos arrebate el primer puesto a Rusia (líder en producción en la actualidad) y a Arabia Saudí (segundo en esa categoría y primer exportador). Es decir, a los dos actores más importantes desde 1975, cuando Estados Unidos perdió el liderazgo.
Es una visión que apuntan consultores independientes y que es compartida por la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Según el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, EE UU estará capacitado para cubrir el 80% de la demanda de crudo hasta 2020. «Y está listo para poner su sello en los mercados petroleros mundiales durante los próximos cinco años», ha subrayado.
Si bien Estados Unidos es el rey indiscutible, con la prolífica cuenca del Pérmico, situada entre Texas y Nuevo México, Canadá y Brasil también se están beneficiando del auge de una tecnología, que evoluciona además para ser rentable en condiciones del mercado más adversas que las actuales.
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