El recién reelegido presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, estrena su segundo mandato con una propuesta de colaboración entre los bancos para hacer frente al cierre de sucursales en las zonas rurales y al problema de exclusión financiera que este ajuste genera. Porque Roldán admite que el cierre de oficinas continuará, tras desaparecer el 40% desde el inicio de la crisis en 2017, aunque cre que se ha moderado el ajuste de plantilla.
La AEB reconoce que más de un millón de españoles no tiene una sucursal en su lugar de residencia, y su presidente propone acuerdos de colaboración para que los bancos se comprometan a tener en esas localidades sucursales rotatorias (cada entidad garantiza que estará uno o varios días a la semana) o cajeros automáticos multimarca. Esta fórmula está muy extendida en países con grandes zonas sin sucursales, como EEUU y Canadá. «Las fórmulas de cooperación pueden tener sentido para el mundo rural, en el que va a ser difícil que tengan acceso a la presencia bancaria física permanente, garantizanj la provisión de servicios financieros básicos, y no plantean problemas de competencia», argumenta Roldán.
«La transformación digital no es una cuestión generacional. La banca móvil crece en todos los segmentos de edad, sobre todo en las más avanzadas que en los jóvenes. Llevar la banca digital a las zonas rurales es una cuestión de educación financiera, pero también de inversión en tecnología, en ancho de banda y en fibra óptica, que no corresponde exclusivamente a los bancos», precisa el presidente de la AEB.
Rentabilidad insuficiente
En la habitual comparecencia ante los medios tras la asamblea general de la AEB, que le ha encomendado un segundo mandato de 4 años, Roldán dejó varios mensajes. Uno, que las comisiones, aunque crecen el 7,2% tras varios años de estancamiento o reducido incremento, no son el principal componente de la mejora de los resultados de los bancos en 2017 (+5,3%, excluyendo las multimillonarias pérdidas del Popular).
El presidente de la AEB reconoce que la rentabilidad, aunque ha mejorado más de 2 puntos sobre 2016 hasta situarse en el 6,16%, «todavía no es suficiente para compensar el coste de capital», que estima en el 10%. «La rentabilidad es una prioridad absoluta para la sostenibilidad de la actividad bancaria, y no debemos confiar en que la normalización de tipos resolverá el problema», advierte a las entidades.
Roldán sí cree que la subida de tipos, que no se producirá hasta 2019, «encarecerá el mantenimiento de los activos improductivos en los balances e incentivará su venta». «Cuando los tipos son negativos, el banco mantiene un activo improductivo en el balance prácticamente a coste 0, pero cuanso suben, se dispara éste», señala. También subraya que la banca española tiene un 4,8% de activos improductivos, frente al 11% de Italia.
Rechaza que se esté incubando otra burbuja inmobiliaria: se venden 80.000 viviendas cuando antes de 2007 eran 800.000. «Se está produciendo una recuperación de un sector que creció de manera desorbitada antes de la crisis y que ahora está volviendo a unos patrones de actividad bastante razonables».
«La normalización de los tipos va a poner en valor lo que solamente la banca puede hacer, que es la transformación de plazos, convertir un depósito a corto plazo en una hipoteca a 30 años«, subraya Roldán
Regulación analógica
El presidente de la AEB aplaude el anuncio del ministro de Economía de crear un banco de pruebas regulatorio (sandbox, en la jerga del sector) para las fintech, pero cree necesaria una «reflexión más global», ya que la regulación, la supervisión y el cumplimiento normativo estan diseñados para un mundo «analógico». «Nos preocupa la falta de adaptación de la regulación financiera al nuevo contexto de innovación digital», señala, mientras reivindica el principio de «a igual actividad y riesgo, igual regulación».
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