Aberraciones en manada

27/04/2018

José María Triper.

Desde el siglo XV la Justica se representa como una mujer que lleva los ojos vendados para simbolizar que es igual para todos y no mira las personas sino lo hechos.  Sin embargo cuando uno analiza entre atónito y avergonzado sentencias como la de la Audiencia Superior de Navarra en el juicio contra ese grupo de energúmenos autodenominados La Manada, empieza a sospechar que la ceguera de la Justicia hace referencia, más bien, a como el intrincado lenguaje jurídico y la arbitrariedad de algunas interpretaciones nubla la vista de algunos jueces ante la realidad social, la gravedad de las situaciones y los propios hechos que se juzgan.

Digo esto escribiendo en caliente pero sin que la indignación sea suficientemente para ensombrecer la razón y la capacidad de análisis. Cualidades estas últimas que me llevan a concluir que, en mi opinión, la citada sentencia es un cúmulo de aberraciones en manada. Tantas como la brutalidad de esas bestias a las que se condena a una pena menor en relación con la brutalidad de sus delitos. Y cuando hablo de bestias no hago más que reflejar como se consideran ellos mismos. Un “conjunto de animales de la misma especie” que es como el diccionario de la RAE define la palabra manada.

Aberraciones en manada porque sin entrar en consideraciones leguleyas y sólo a la luz de la razón no consigo entender cómo se puede calificar de “prevalimiento” de “abusos” la situación de una mujer rodeada de cinco bestias mayores que ella en edad y en corpulencia, en estado de salvaje excitación y obligada a entrar en recinto cerrado y de reducidas dimensiones para someterla a todo tipo de violencia sexual. Si eso no es “intimidación” a los ojos de los jueces, que baje Dios y lo vea.

Porque al entender de sus señorías, ¿qué debería haber hecho la victima?, ¿defenderse? Ella misma declaró que se sometió para evitar males mayores. ¿Es qué para estos jueces sólo hay violación si va acompañada de agresiones, puñetazos, patadas, lesiones e, incluso, de la muerte? El desgraciado final de Diana Quer, que según el propio asesino la mató porque “no se dejaba”, debería de servir de guía y referencia a quienes tienen el deber de administrar justicia.

Y escribo también desde la incomprensión y el desconcierto cuando sigo sin entender que estos jueces no consideren intimidación cuando ellos mismos escriben en la sentencia que la grabación de los hechos “muestra de modo palmario que la denunciante está sometida a la voluntad de los procesados, quienes la utilizan como un mero objeto para satisfacer sobre ella sus instintos sexuales”. Lo dicen ellos. Y eso, a la luz de la razón, de la objetividad y del derecho sólo puede ser intimidación y violación.

Una sentencia que indigna a la sociedad, que obliga a revisar con urgencia el código penal y que como afirmaba la portavoz de Igualdad del PSOE en el Congreso, Ángeles Álvarez, “es una buena noticia para el machismo criminal”.  Ahora sólo queda esperar que los recursos anunciados por el fiscal y la acusación ante instancias superiores permitan corregir un fallo judicial que denigra la equidad, el derecho y la razón.

 

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