La Asociación de Educadores y Planificadores Financieros (AEPF) nace como una
asociación sin ánimo de lucro y con el objetivo de constituir un punto de encuentro entre
los profesionales interesados en la educación financiera y las familias y empresas. Sus
líneas de actuación se enmarcan en cuatro ámbitos:
1.-Agrupar y dar visibilidad a los profesionales de la educación y planificación
financiera.
2.-Fomentar y facilitar la formación y certificación de educadores financieros.
3.-Ofrecer y promover la educación financiera a familias y empresas.
y 4.-Normalización técnica del sector, promoviendo la educación financiera y la
planificación financiera certificadas.
Dositeo Amoedo, CEO y fundador de planificacionfinaciera.es y presidente de la AEPF,
destaca que este proyecto no consiste solo en “dar cursos de educación financiera; no
puede reducirse a una simple página web donde publicar contenidos o a un curso de
alfabetización o selección de productos, sino que debe ser un servicio que genere mejora
en la calidad de vida del ciudadano, que genere cambio de hábitos». «Debe ser útil para
convertir consciencia en acciones concretas. Y, por último, y no menos importante, ha de
ser con garantías, y éstas se encuentran en las normas técnicas de calidad, como las
normas UNE o ISO, que cualifican el método y a los profesionales que la imparten”, remarca.
El presidente de la AEPF sostiene que la educación financiera es fundamental para el
buen funcionamiento de la sociedad. La OCDE afirma que para mejorar el bienestar social hay que actuar sobre tres pilares: inclusión social, protección del consumidor, y educación financiera de calidad.
La educación financiera de calidad es aquella que convierte al ciudadano en una persona
capaz de ser consciente de sus necesidades, capaz de permitirle saber elegir con quién
aconsejarse y capaz de permitirle evaluar el servicio recibido.
En este sentido, Dositeo Amoedo destaca la importancia de los cambios demográficos y
el aumento de la esperanza de vida. “Nuestros abuelos y nuestros padres han trabajado
de media desde los 23 hasta los 63 años. El trabajo se caracterizaba por ser estable y
seguro por lo que las familias hacían planes hasta la jubilación. La esperanza de vida
para esta generación e de 79 años, y con ellos el Estado del Bienestar está cumpliendo
sus compromisos”, explica.
“Hoy la situación laboral es muy distinta, y queremos llegar a la
jubilación con un patrimonio financiero porque la cobertura de la Seguridad Social cada
vez se va reduciendo más, sobre todo en lo que a las pensiones se refiere. Después
tenemos colectivos como los autónomos o las mujeres que buscan organizarse mejor
para mantener el poder adquisitivo en momentos de dificultad o la independencia
financiera en caso de crisis familiar. En esta situación, las preguntas que se hacen los
ciudadanos son sobre su futuro, sobre su bienestar hoy y mañana, y la educación
financiera de calidad ofrece respuestas”, argumenta.
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