La hora del cambio electoral

07/06/2018

José María Triper.

Despejada ya la incógnita del primer gobierno de Pedro Sánchez, del que lo primero que se puede decir es que la letra de los nombres suena bien pero habrá que esperar a la música de la gestión, y a la espera de conocer el sucesor de Rajoy en el PP, desde las cúpulas de ambas formaciones deberían empezar a plantearse como gran prioridad de aquí al final de la legislatura, acordar por fin la necesaria reforma de la ley electoral con el triple objetivo de que la nueva norma por la que se rijan los comicios generales sea más justa, elimine privilegios territoriales, y refleje mejor la voluntad de los ciudadanos expresada a través de los votos en las urnas.

Una reforma de la ley electoral que, los sondeos demuestran está reclamando la mayoría de los ciudadanos españoles, y que permita superar los intereses, compromisos y peajes que los hacedores de la Transición tuvieron que asumir para consolidar una incipiente democracia y disipar unos miedos que hoy han sido afortunadamente superados.

“Si tuviéramos otra ley electoral hoy no estaría gobernando el independentismo en Cataluña. Si tuviéramos otra ley electoral ustedes no sabrían quién es el señor Torras”. Y si tuviéramos otra ley electoral no importaría lo que dijera Puigdemont desde Bruselas”. Son palabras de Inés Arrimadas, la mujer que llevó a Ciudadanos a ser la fuerza más votada en Cataluña pero que no puede gobernar por las imposiciones de una ley electoral injusta y obsoleta.

Pero hay más razones que las esgrimidas por la dirigente del partido naranja. Porque si tuviéramos otra ley electoral el Estado no habría estado sometido a la inestabilidad política que venimos padeciendo durante las dos últimas legislaturas. El Parlamento no se encontraría en la actual situación de precariedad legislativa. Y si tuviéramos otra ley electoral los gobiernos, de uno u otro signo, no se verían obligados a pagar concesiones económicas y políticas a los partidos nacionalistas para conseguir aprobar los Presupuestos o para ganar una moción de censura o una investidura. Concesiones que, como es notorio, van en perjuicio del resto de los territorios españoles que son la mayoría.

El sistema electoral mayoritario, como el anglosajón o el francés de doble vuelta son modelos orientados a garantizar la gobernabilidad y la estabilidad, propios de las democracias consolidadas y que tanto necesita este país. Socialistas y Populares que no quisieron, o no se atrevieron, a cambiar cuando tenían mayoría absoluta, tienen hora la oportunidad de corregir errores y pactar la reforma aunque sólo sea por intereses egoístas que, en este caso, coinciden también con el interés de España y de los españoles a los que están obligados a servir.

 

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