Cada día que nos acercamos a la mítica fecha del 5 de julio, la carrera por la Presidencia del Partido Popular va tomando más matices de comedia dramática en la que, como en la afamada película de Steven Soderbergh, los enredos se mezclan con mentiras y cintas de vídeo. Falta el sexo, pero conociendo al personal político del país, el propio y el contrario, no es descartable que pueda aparecer aunque sea en forma virtual, metafórica o de eso que los modernos llaman ahora posverdad y que no es otra cosa que no es otra cosa que la distorsión deliberada de la realidad para manipular la opinión pública.
Mentiras en el fondo, aunque se disfracen con vocablos nuevos, que están llevando a la ciudadanía a alejarse cada vez más de una clase política, de cualquier partido o condición, en la que el maquiavélico principio de que el fin justifica los medios ha sustituido al sentido de Estado, la voluntad de servicio y al respeto a las libertades, derechos y opiniones, las coincidentes y las de los rivales.
Claro que ya el refranero dice que antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Y si no que se lo pregunten a Cifuentes. Y así nos enteramos que los más de 800.000 afiliados del PP no eran sino una quimera de la señora Cospedal, inflada con bajas por fallecimiento o abandono sin contabilizar ni corregir. Como también sorprende como los tres tenores que las quinielas dan como favoritos para el juicio final de los compromisarios esgrimen como mérito y eslogan de campaña su desconexión con el aparato que ha dirigido el partido en los últimos años.
Sorprende en el caso, María Dolores de Cospedal, que ha sido la cara y la mano ejecutora del PP en los más de ocho años de Gobierno de Rajoy desde una Secretaría General que ni siquiera abandono cuando asumió la cartera de Defensa.
Caso similar es el de Pablo Casado, que presidió las Nuevas Generaciones del PP en Madrid ya en 2005, que fue director del Gabinete de José María Aznar en la Moncloa y que desde 2015 asumía la Vicesecretaría de Comunicación de los populares en el equipo de Cospedal.
Una vinculación con el aparato a la que tampoco es ajena la ex vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, que fuera secretaria ejecutiva de Política Territorial del PP en la legislatura previa a su llegada al Ejecutivo, que ha sido también miembro de la Ejecutiva y que es la protagonista de una singular cinta de vídeo que circula por todas las redes sociales y en la que aparece bailando en un Karaoke junto al también ex ministro Iñigo Méndez de Vigo y otros militantes del partido en un acto de campaña. Vídeo con al que algunos pretenden desacreditarla y que, posiblemente produzca el efecto contrario, ya que revela espontaneidad, sencillez y cercanía.
Y no es que esta pertenencia al aparato les inhabilite para realizar la profunda catarsis de personas, proyecto, programa y de mensaje que necesita el PP para superar la profunda brecha abierta entre las bases, los votantes y la cúpula, pero pretender camuflar el pasado no parece una buena carta de presentación, genera dudas más que razonables y recuerda a aquello de matar al padre. A lo mejor por eso la exigua minoría de posibles electores que se han inscrito a las primarias, poco más del 7 por ciento. Bueno, por eso y porque, a lo mejor, algunos de los que abjuran del aparato todavía siguen manejando. ¡Qué Dios reparta suerte!
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