La cuna del rosado: vino, tradición y gastronomía

02/07/2018

Carmela Díaz.

El vino es el alma de once localidades cercanas a Valladolid. Las que conforman la Ruta del Vino Cigales, que vincula la denominación de origen con su cultura, historia, patrimonio, tradición y gastronomía a lo largo de todos los municipios que recorre. Con apenas unos kilómetros de distancia entre los principales enclaves, es una ruta muy cómoda para recorrer en coche. Desde el siglo X se elaboraba vino en esta ruta, un producto capital en este territorio desde la Edad Media y que cuenta con un fuerte arraigo cultural entre sus gentes.

La D.O. Cigales dispone de vinos rosados premiados en numerosos certámenes, tanto nacionales como internacionales (el último galardón se lo acaban de conceder en China), en los que predomina la variedad del tempranillo de viñedos viejos plantados sobre unos suelos de cantos rodados. Desde 2011 también se elaboran blancos, espumosos y dulces, que acompañan a los rosados y tintos. También están trabajando con las nuevas variedades sauvignon blanc, cabernet sauvignon, merlot y syrah que complementan a las principales tempranillo, garnacha, albillo y verdejo.

La cuna del clarete y el rosado. Los vinos rosados de Cigales son toda una institución. De una calidad incuestionable, se han adaptado a las necesidades del mercado sin olvidar sus orígenes. Este tipo de vino es elaborado con tecnologías análogas a las de vinificación en blanco con uvas tintas o mezcla de uvas tintas y blancas. El rosado alcanza más color cuanto más tiempo se espera para realizar el sangrado. El clarete procede de mostos de mezcla de uva blanca y tinta cuya fermentación parcial se hace en presencia de los hollejos tintos. Tradicionalmente se emplea la técnica del sangrado: el mosto de los depósitos donde se ha recibido la uva se extrae antes de que comience su fermentación, proceso que tendrá lugar posteriormente sin el contacto del líquido con hollejos ni pepitas. A pesar de la importancia de los rosados en esta zona, no hay que olvidar que en la DO Cigales también se elaboran blancos y, sobre todo, tintos de muy buena calidad.

Las bodegas subterráneas. Una característica de la ruta son sus barrios de bodegas, donde históricamente se ha venido elaborando vino. Las bodegas tradicionales son subterráneas y sus fachadas habitualmente son de piedra. Cuentan con elementos en el exterior como la zarcera, por donde se arrojaba la uva al interior para elaborar el vino; el respiradero, por donde salía el olor tras despalillarla. En el interior de la bodega se encuentra la prensa, las sisas, la viga de husillo, la pila y los depósitos para almacenar el vino, generalmente de barro, piedra con cemento y grandes cubas de madera. Los que estén interesados en conocer en profundidad el funcionamiento de una bodega tradicional, tienen que visitar el Museo del Vino de Mucientes.

Castillos, monasterios e iglesias monumentales. El vino ha estado muy vinculado a la historia y a la cultura.  El clero, la nobleza y la monarquía han sido grandes consumidores, de ahí que en la actualidad se siga conservando el patrimonio de su presencia. Merece la pena visitar los castillos de Fuensaldaña y Trigueros del Valle, ambos del siglo XV, el monasterio de Santa María de Palazuelos, de estilo cisterciense del primer tercio del siglo XIII y el monasterio de San Isidro de Dueñas, de origen benedictino del siglo XI. En la actualidad la orden cisterciense todavía tiene actividad monacal en este centro religioso. Además, tanto el auditorio del Aula-Museo Paco Díez de Mucientes (edificio construido sobre una antigua muralla), el castillo de Trigueros, el de Fuensaldaña o el monasterio de Santa María de Palazuelos, programan conciertos, eventos y espectáculos. Pero si hay un monumento de imprescindible visita, ese es la iglesia de Cigales, denominada popularmente la Catedral del Vino debido a sus dimensiones catedralicias y a su curiosa historia vinculada a México (concretamente al Yucatán y a Guadalajara) y a fray Antonio Alcalde.

Gastronomía. La calidad de la materia prima de esta zona es incuestionable. A lo largo de la ruta se puede degustar la mejor cocina castellana. Destacan las típicas morcillas de Cigales, el pan de pueblo, el buen jamón, los quesos de oveja (buenísimos), el chocolate elaborado desde 1891 en La Trapa, las carnes de lechazo, los chuletones y bocados tan consistentes como las mollejas de cordero o los torreznos. Dos consejos para disfrutar a fondo la experiencia en esta zona:

  • Hay que alojarse en el Concejo Hospedería, un precioso palacio del siglo XVIII con mucho encanto, en un entorno rural tranquilo y a tan solo quince minutos de Palencia y Valladolid. Y, además, en su restaurante El Sueño del General se cena fenomenal.
  • Paradas gastro:
  • Para los que prefieran la cocina tradicional y disfrutar de una bodega subterránea, es visita obligada el restaurante-bodega La Cueva en Mucientes.
  • Los amantes de la cocina de vanguardia no se deben perder en Cigales el Gastrobar Clandestino.

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