
«Proyectamos que la inflación se disparará a 1.000.000% para fines de 2018, lo que indicaría que la situación de Venezuela es similar a la de Alemania en 1923 o Zimbabue a fines de la década de 2000», ha señalado el mexicano Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, en la actualización de perspectivas para América Latina de la institución.
De este modo, anticipa una contracción del PIB venezolano del 18% este año, después de la caída del 14% registrada en 2017, mientras que para 2019 prevé un retroceso de la actividad del 5%, a causa de la significativa reducción de la producción de petróleo y de las distorsiones generalizadas a nivel micro y los grandes desequilibrios macroeconómicos.
La economía del país caribeño permanece en recesión desde 2013 y, según las expectativas a más largo plazo del FMI, su PIB seguirá contrayéndose al menos hasta 2023.
En este sentido, Werner ha advertido de que el Gobierno de Venezuela seguirá registrando grandes déficits fiscales, financiados exclusivamente con la expansión de la base monetaria, lo cual seguirá alimentando la aceleración de la inflación a medida que la demanda de dinero siga desplomándose. De este modo, ha señalado que el «colapso de la actividad económica», la hiperinflación y el deterioro cada vez más grande de la oferta de bienes públicos (salud, electricidad, agua, transporte y seguridad), junto con la escasez de alimentos a precios subsidiados, «generaron grandes flujos migratorios, que intensificarán los efectos de contagio a países vecinos».
En cuanto al resto de América Latina, la institución ha destacado que la actividad económica sigue recuperándose, anticipando un crecimiento de la región del 1,6% en 2018 y del 2,6% en 2019, algo por debajo de sus previsiones del pasado mes de abril. Sobre esta cuestión, Werner ha apuntado que la solidez del ritmo de crecimiento estadounidense beneficia a las economías de América Latina con vínculos estrechos con Estados Unidos, mientras que el aumento de los precios de las materias primas apoya a los países exportadores de la región. Sin embargo, el experto del FMI ha reconocido que el aumento de la demanda mundial no ha sido tan alto como se esperaba en todos los países, acentuando los riesgos a la baja para la demanda externa de la región. Al mismo tiempo, si bien siguen siendo acomodaticias, las condiciones mundiales de financiamiento se están endureciendo gradualmente. Así, las presiones del mercado financiero han sido especialmente acusadas para los países de la región con fundamentos económicos más débiles, o en países en los que hay incertidumbre en materia de política y en torno a las políticas.
Por su parte, el aumento de los conflictos y las tensiones en relación con el comercio mundial está incrementando los riesgos a la baja para las perspectivas actuales, lo que incluye el posible impacto sobre la incertidumbre y la inversión. De este modo, en el caso de Argentina, las nuevas previsiones del FMI contemplan un crecimiento del 0,4% este año y del 1,5% en 2019, mientras que para Brasil anticipa una expansión del 1,8% y del 2,5%, respectivamente, y en el caso de México las proyecciones auguran un crecimiento del PIB del 3,8% este año y del 3,4% el siguiente.
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