
José Antonio Álvarez, consejero delegado del Grupo Santander.
El Grupo Santander ya está rentabilizando la adquisición del Popular. El primer semestre de Santander España, «el mejor en muchos años» como proclamaron tanto el consejero delegado, José Antonio Álvarez, como el director general financiero, José García Cantera, muestra un beneficio ordinario atribuido de 780 millones de euros, el 24,9% más que en 2017, aunque se reduce a 500 millones (-19,9%) al contabilizar 280 millones en costes de reestructuración del Popular.
Los clientes vinculados pasan de 1,6 millones a 2,4 millones en un año; los digitales, de 3 millones a 4,2 millones; la morosidad, del 10,52% al 6,24%, en «una clara y limpia tendencia a la baja», subraya Álvarez; el coste del crédito mejora una décima, hasta el 0,31%. Destaca la mejora del 31,7% del margen de intereses, del 31,1% en las comisiones, la captación de 120.000 cuentas 1/2/3 Profesional (primera campaña comercial conjunta del Santander y del Popular), el crecimiento del 20% en crédito de consumo, y del 13% en pymes. Los únicos puntos negros son el aumento del 34.1% de los costes sobre junio de 2017 (aunque en el segundo trimestre son un 1,9% inferiores a los del primero), y el descenso de 1,3 puntos, hasta el 9,6% en la rentabilidad.
La integración del Popular está yendo «de acuerdo con lo esperado» y las sinergias se materializarán a partir del tercer trimestre, señala García Cantera.
Álvarez explica que, una vez se reciban las autorizaciones para proceder a la integración legal, «lo que debería ocurrir entre septiembre y octubre», en noviembre se iniciará la operativa del Popular, que culminará en junio de 2019, mientras culmina la tecnológica em informática ya en marcha.
Las condiciones del ajuste de plantilla y de sucursales se conocerán antes del verano del año que viene. «En cuanto a personas, primero tenemos que hablar con los representantes de los trabajadores y, para oficinas, hay que hacer un análisis muy detallado que no está acabado, pero que estamos haciendo caso por caso para no generar disfunciones», explica el consejero delegado del Santander. Precisa que no cerrará oficinas únicamente por criterios de proximidad, sino que se tendrán en cuenta el flujo de clientes y otros elementos que determinarán cómo dar el mejor servicio a éstos.
Pese al mejor semestre «en mucho tiempo» en España, el consejero delegado del Santander reconoce que su peso, 15% (solamente superado por Brasil, con el 26%), es «un poco bajo, debería ser más alto con el Popular ya plenamente integrado». El directopr general financiero, José García Cantera, matiza que «nunca se fija un objetivo específico de aportación de cada mercado a los resultados del grupo».
Sobre el ‘ladrillo’, Álvarez deja muy claro que los activos inmobiliarios que quedan en el balance del banco «se venderán con cierta celeridad, porque no forman parte de nuestro negocio, ya hay algún proceso en marcha». Subraya que «hay un apetito inversor todavía alto», pero también que el Santander solo venderá «a los precios adecuados».
Sobre Allianz, el consejero delegado del Santander señala que «siguen las negociaciones» para la ruptura de los acuerdos heredados del Popular en bancaseguros, planes de pensiones, y en gestión de activos.
Álvarez explica que la ampliación del acuerdo de bancaseguros con Aegon no incluye ramos tan importantes para el banco como Autos y las pólizas de Empresas. «Estamos buscando acuerdos de colaboración de colaboración con compañías de seguros para cubrir la demanda de esos productos que nos hacen los clientes de Santander España», admite.
Impuestos: cuidado con los efectos colaterales
Como era previsible, la presentación de los resultados del Santander a los medios de comunicación se vio prácticamente monopolizada por el impuesto a la banca y otras tasas anunciadas por el Gobierno de Pedro Sánchez, pese a que el consejero delegado del grupo avisó desde la primera pregunta que «nos movemos en el terreno de lo posible, de lo altamente especulativo» y que «tomaremos decisiones cuando los datos estén encima de la mesa».
Desde este planteamiento, Álvarez cree que la prioridad del Gobierno debe ser la creación de empleo y la reducción de la deuda pública, por lo que para llevar a cabo un cambio en el sistema fiscal, es «razonable» que se busque evitar efectos colaterales «que puedan ser contrarios a los resultados que se persiguen».
«España tiene una deuda pública muy elevada, y el sistema fiscal debe fomentar el el ahorro a largo plazo, ya que financiaciamos los déficits con ahorro externo, y eso nos hace ser significativamente más vulnerables», argumenta el consejero delegado del Santander.
Álvarez se muestra contrario a impuestos sobre «rentas no generadas» y que pernitan la doble imposición». El grupo cuenta con una tasa fiscal del 36% que, en algunos mercados como Brasil, supera el 40%. «Si sobre esos dividendos que traemos de Brasil, por ejemplo, tenemos un nuevo impuesto en España, no me parece justo, porque perjudica a nuestros accionistas», señala. Esta situación llevará a las empresas españolas a «no ser tan multinacionales», a reducir el peso de los dividendos de las filiales (4.000 millones de euros, en el caso del Santander) o a «repensar su estructura legal», cambiando la sede fiscal fuera de España.
“Las multinacionales españolas estarían en clara inferioridad frente a sus competidores si se permite la doble imposición”, porque muchos de esos dividendos “ya han pagado una parte importante de impuestos”, insiste.
En línea con los objetivos de todo el ejercicio
El grupo Santander cumple en el primer semestre prácticamente todos los objetivos fijados para el ejercicio completo. Tiene 19,1 millones de clientes vinculados, cuando se habían fijado 18,6 millones para todo 2018 (17,3 millones en 2017). Los clientes digitales son 28,3 millones, frente a los 30 millones previstos (25,4 millones en 2017). Las comisiones crecen el 13% (el mismo porcentaje que el año anterior), cuando el objetivo es un crecimiento anual acumulado del 10% entre 2015 y 2018.
El coste del crédito está en el 0,99%, cuando el objetivo es el 1,2% de media entre 2015 y 2018 (1,07% en 2017). Tanto el benefico como el dividendo por acción crecen respecto al ejercicio precedente. Y la rentabilidad es del 11,8%, cuando la meta para final de año es el 11,5%
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