Así lo han anunciado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en una declaración conjunta ante los medios de comunicación que no estaba prevista antes de que comenzaran su reunión en la Casa Blanca, que ha durado aproximadamente dos horas y media. No obstante, lo que este jueves se ha escenificado es simplemente un frenazo a la guerra comercial entre EEUU y la UE, ya que lo que realmente se ha acordado es crear una mesa de trabajo para negociar todas las diferencias arancelarias que ahora les separan.
«Hoy es un gran día», ha celebrado el presidente norteamericano, para después afirmar que Bruselas y Washington inician con este acuerdo una «nueva fase» en sus relaciones comerciales. Un optimismo que fue compartido por Juncker quien aseguró que «cuando fui invitado por el presidente (Trump) a la Casa Blanca tenía la intención de conseguir un acuerdo, y hoy hemos conseguido un acuerdo».
Y este acuerdo no es más que poner «en espera» las decisiones que se vayan a tomar mientras el grupo de trabajo avanza en sus negociaciones. Mientras tanto, no se impondrán más barreras comerciales, lo que se traduce en que los impuestos de Estados Unidos a los coches europeos -tal y como había anunciado Trump- no se van a poner ni la respuesta europea a estos tributos.
Se mantienen los impuestos recientes
El acuerdo no contempla ninguna marcha atrás a los aranceles puestos recientemente al aluminio y al acero por parte de Washington y las consiguientes represalias aprobadas por Bruselas. Y como la Unión Europea se había comprometido a importar más soja y gas licuado de Estados Unidos, Trump no lo ve con malos ojos, ya que con ello se reduciría la dependencia que tiene ahora la UE de Rusia sobre todo en gas licuado.
Si ya la guerra entre EEUU y China es grave, no lo es menos entre EEUU y la UE porque las relaciones comerciales entre estos dos últimos bloques representan más de la mitad de las transacciones mundiales. Con el acuerdo de este jueves, por tanto, lo que más destaca es que se rebaja la guerra comercial pese a que las relaciones de Trump con los líderes europeos no es nada buena como se vio hace dos semanas en la reunión de la OTAN donde el mandatario estadounidense, falto de toda diplomacia, arremetió contra Alemania y los países europeos. Y las discrepancias no solo proceden de la contribución que hacen los países comunitarios a la OTAN sino que se extienden a las relaciones comerciales, diplomáticas y de seguridad.
Pero este acuerdo tampoco puede entenderse como una promesa en firme de que la paz comercial va a llegar porque, como se recordará, también EEUU alcanzó un acuerdo con China para evitar la guerra comercial y en estos últimos meses estamos viendo la guerra abierta, que está amenazando la estabilidad económica mundial.
Por buscar alguna diferencia con el acuerdo con China, es que el caso de Europa, según explicó Juncker, se van a «poner en pausa» los futuros aranceles y se van a analizar los impuestos al acero y al aluminio. Es decir, en la reunión de los dos mandatarios de más de dos horas hubo tiempo para dejar las generalidades y entrar en los casos concretos, aunque después se haya decidido dejarlo en manos del equipo de trabajo. Los dos mandatarios, además, ofrecieron una rueda de prensa que, inicialmente, no estaba prevista para explicar de lo que habían hablado.
Y Trump también habló y aseguró (si es que se pueden creer sus compromisos) que «se resolverán” esos aranceles y las contramedidas de Bruselas. Y como en otras muchas de sus representanciones se mostró eufórico: “Es un gran día para el comercio libre y justo”.
Trump y Juncker también acordaron trabajar para reducir a “cero” los impuestos en algunos bienes industriales, que no especificaron, y en reformar la Organización Mundial del Comercio, blanco habitual de la ira proteccionista de Trump.
Fuera de la Casa Blanca, Juncker explicó poco después que el objetivo es que el grupo de trabajo se reúna durante los próximos 10 meses, sin precisar un calendario, como tampoco quedó fijado ningún calendario para levantar los aranceles actuales. La razón, según explicó, es que si se logran suficientes avances, cambiar los aranceles ya puestos en marcha se puede hacer «de un día para otro.
Comunicado conjunto
Lo que sí si parece dar síntomas de optimismo es el comunicado conjunto de Estados Unidos y la Unión Europea, difundido tras la reunión, en el cual se puede leer que ambos bloques «han acordado iniciar una nueva fase en la relación en la que ambos bloques ganan comercialmente».
En dicho comunicado también se habla de cuatro puntos dentro del acuerdo: avanzar hacia la reducción de aranceles, fortalecer la cooperación energética, abrir un diálogo sobre estándares de facilitación comercial y colaborar en una reforma de la OMC.
Juncker reconoció que no acudía muy optimista a la reunión. La UE ya estaba preparando nuevas represalias europeas por valor de 20.000 millones de dólares si EEUU ponía en marcha su amenaza de poner aranceles de entre un 20 y 25% a los coches europeos, según había explicado la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström.
Y es que pese al acuerdo de hoy, la desconfianza se mantiene ante los ímpetus proteccionistas de Trump. No en vano, el pasado mes de junio el líder estadounidense decidió de un día para otro poner impuestos al acero (25%) y al alumnio (10%) europeo. Europa respondió poniendo aranceles por valor de 3.300 millones de dólares a las Harley Davidson y al whisky Bourbon.
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