El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha advertido a Estados Unidos de que, si no revierte las sanciones impuestas a la nación euroasiática, que han provocado estragos económicos por el desplome de la lira turca, su Gobierno se verá obligado a buscar «nuevos aliados».
En un artículo de opinión publicado este sábado en el ‘New York Times’, Erdogan ha indicado que los constantes «desacuerdos» entre Ankara y Washington, a los que ha definido como viejos «aliados estratégicos», ha hecho que las relaciones bilaterales adopten una «peligrosa tendencia».
Así, ha mencionado la «insatisfactoria» reacción de la Casa Blanca al fallido golpe de Estado perpetrado contra su Gobierno en 2016, un suceso que ha comparado con el ataque japonés a la base naval estadounidense de Pearl Harbour durante la Segunda Guerra Mundial y con los atentados del 11-S.
Erdogan ha reprochado a la potencia norteamericana que, mientras «Turquía ha acudido en ayuda de Estados Unidos cuando ha sido necesario», Washington aún no ha dado luz verde a la extradición del influyente clérigo Fetulá Gulen, exiliado en Pensilvania desde los años 90 y a quien Ankara señala como ‘cerebro’ de la asonada militar.
«Otra fuente de frustración», ha continuado, es el apoyo de Estados Unidos a las Unidades de Protección Popular (YPG), la principal milicia kurda de Siria, que ha sido fundamental para derrotar a Estado Islámico. Erdogan ha insistido en que las YPG son «la rama siria» del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado una organización terrorista por ambos países y la UE.
«Mi Gobierno ha compartido reiteradamente con funcionarios estadounidense nuestra preocupación por su decisión de entrenar y equipar a los aliados del PKK en Siria. Desafortunadamente, nuestras palabras han encontrado oídos sordos y las armas estadounidenses se siguen usando para atacar civiles y miembros de nuestras fuerzas de seguridad en Siria, Irak y Turquía», ha denunciado.
También se ha referido el choque más reciente, que tiene que ver con la negativa de los tribunales turcos a liberar al pastor estadounidense Andrew Brunson, procesado por sus presuntos vínculos con Gulen. En respuesta, Estados Unidos ha dictados sanciones contra Turquía que abarcan a los ministros de Interior y Justicia, a lo que el Gobierno de Erdogan ha respondido de forma recíproca.
«Estados Unidos ha dictado flagrantes sanciones contra una nación amiga», en lo que Erdogan ha interpretado como «un intento de forzar al Gobierno a intervenir en un proceso judicial, algo que va en contra de la Constitución y los valores democráticos» de Turquía. «Es inaceptable, irracional y, en último término, va en detrimento de nuestra duradera amistad», ha afirmado.
Erdogan ha avisado de que «hasta que Estados Unidos empiece a respetar la soberanía de Turquía y demuestre que entiende los peligros a los que se enfrenta el país, la relación bilateral estará en peligro», por lo que le ha urgido a renunciar a «la errónea noción de que la relación puede ser asimétrica», antes de que sea demasiado tarde.
«Un fracaso a la hora de revertir esta tendencia hacia el unilateralismo y la falta de respeto requerirá que empecemos a buscar nuevos amigos y aliados», ha alertado. «Turquía tiene alternativas», ha defendido, y «daremos todos los pasos que sean necesarios para proteger nuestros intereses nacionales».
A favor del diálogo
Turquía ha advertido este viernes a Estados Unidos de que las sanciones y la presión sólo servirían para dañar las relaciones entre ambos países y ha asegurado que Ankara continuará tomando represalias contra los aranceles de Washington.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores turco, Hami Aksoy
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores turco, Hami Aksoy, ha señalado que Turquía quiere resolver los problemas con Estados Unidos a través de la diplomacia, el diálogo, las buenas intenciones y el entendimiento bilateral.
«Todos los pasos tomados contra Turquía recibirán una respuesta adecuada como se les ha dado antes», ha afirmado Aksoy, según ha recogido la agencia estatal turca de noticias, Anatolia. «Con el fin de aportar soluciones a los problemas existentes, Turquía siempre se pondrá de parte de la diplomacia, el diálogo, buena voluntad y entendimiento mutuo», ha aseverado.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su disputa con Ankara al imponer aranceles más altos a las importaciones de metal, ejerciendo una presión económica sobre un aliado de la OTAN.
«Los continuos esfuerzos para comunicar a la Administración de Estados Unidos que ninguno de los criterios establecidos que aumentan los aranceles de Estados Unidos son aplicables a Turquía, hasta ahora han resultado infructuosos», ha manifestado el ministro de Comercio turco, Ruhsar Pekcan, en un comunicado. «Sin embargo, imploramos al presidente que vuelva a la mesa de negociaciones. Esto puede y debe resolverse a través del diálogo y la cooperación», ha añadido.
Las relaciones «no son buenas»
Trump ha autorizado una subido de los aranceles aplicados a las importaciones de acero y aluminio procedentes de Turquía, que alcanzarán el 50 y el 20 por ciento, duplicando así su actual importe, como respuesta al desplome de la moneda turca.
«Acabo de autorizar doblar los aranceles al acero y el aluminio con respecto a Turquía, ya que su moneda, la lira turca, cae con rapidez en relación a nuestro muy fuerte dólar», ha anunciado Trump en su cuenta oficial en Twitter, donde ha precisado que las nuevas tarifas aplicadas a las importaciones desde Turquía serán «del 20% para el aluminio y del 50% para el acero».
«Nuestras relaciones con Turquía no son buenas en este momento», ha reconocido el presidente estadounidense.
Una delegación turca enviada el pasado martes a Washington regresó a la capital otomana con las manos vacías tras el encuentro de alto nivel mantenido con las autoridades estadounidenses con el objetivo de rebajar la tensión que ha caracterizado las relaciones bilaterales durante los últimos años y que ha culminado con la imposición de sanciones por parte de Washington a Ankara.
Las relaciones entre ambos países se han enturbiado a raíz del caso de Fetulá Gulen, un clérigo turco exiliado en Estados Unidos desde los años 90 al que el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan acusa del fallido golpe de Estado de 2016. Turquía reclama su extradición, algo a lo que Washington aún no ha respondido.
En el último episodio, la Justicia turca rechazó la semana pasada un recurso del pastor estadounidense Andrew Brunson, acusado de espionaje y terrorismo por sus supuestos vínculos con Gulen, para ser liberado mientras continúa el juicio celebrado en su contra.
En respuesta, el Departamento del Tesoro sancionó a los ministros de Justicia e Interior turcos, Abdulhamit Gul y Suleyman Soylu, respectivamente. La nación euroasiática, por su parte, ha amenazado con «una respuesta equivalente».
Desplome de la lira turca
La lira turca ha llegado a caer este viernes más de un 13% en su cotización frente al dólar, alcanzando así un peor cruce de 6,2860 liras por cada ‘billete verde’, ante la falta de resultados en las recientes conversaciones entre Ankara y Washington.
A este respecto, Bart Hordijk, analista de Monex Europe, señala que el fracaso de la visita turca a Washington y la aparente incapacidad o falta de voluntad del banco central otomano de apoyar a su moneda «han sido demasiado para la lira turca», que cae a tal velocidad que «lo primero que se me ocurre es un paracaídas que evite que se estrelle contra el suelo».
«Este paracaídas podría ser una gigantesca subida de los tipos de interés de al menos 500 puntos básicos para calmar a los mercados y demostrar el claro compromiso del Banco Central de Turquía de apoyar la divisa», añade.
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