La revolución digital es una oportunidad para optimizar la enseñanza y el aprendizaje

03/09/2018

Pablo Sanz Bayón, profesor de ICADE.

Innovar es clave para la excelencia del sistema educativo.

Estamos viviendo en un contexto social dominado por una economía globalizada y tecnificada, con países, mercados y organizaciones interconectadas por tecnologías de la información y de la comunicación, en un proceso irreversible de digitalización y automatización de actividades. Cuando el acceso a las fuentes de la información se ve profundamente alterado por nuevos inventos y medios técnicos, el conocimiento humano resulta necesariamente sacudido en sus cimientos más internos y también en su arquitectura institucional.

En el contexto actual de aparición de infinidad de disrupciones tecnológicas, en lo que se ha dado en llamar revolución digital o 4.0, se nos plantea el gran interrogante sobre cómo el sistema educativo se adaptará y dará respuesta a las nuevas necesidades y demandas socioeconómicas. Es preciso que las instituciones educativas sean adaptativas y receptivas. Que reflexionen profundamente y con autocrítica sobre cuál debe ser el nuevo papel que tiene que tener la enseñanza y el aprendizaje. Que se pregunten por los cambios que se deben hacer ante este nuevo paradigma en ciernes, lleno de complejidad e interconexión de saberes.

Imagen: Honey Yanibel Minaya Cruz (unplash.com)

Todas las generaciones, desde las más jóvenes hasta las más mayores, están presenciando estos cambios disruptivos de las tecnologías, cada una a su modo y ritmo. Nuevos productos, nuevos servicios, nuevos mercados, nuevas formas de relacionarse y comunicarse, nuevas perspectivas, nuevas necesidades y riesgos. Igualmente, nuevos problemas de todo tipo aparecen y desaparecen continuamente. Debido a la velocidad y a la complejidad con que los cambios se están sucediendo, no podemos permitirnos desatender la cuestión educativa, ni confiar en que no nos afectará, o en que tardará en hacerlo, porque son cambios sobre los que ya no cabe regresión y sobre los que no hay marcha atrás.

En formación constante
Todas las profesiones, pero sobre todo las más cualificadas, requerirán mucha más formación y una actualización casi permanente para seguir aportando valor añadido y ser competitivas en un mundo global y digital. Habrá que formarse y volver varias veces en la vida profesional a centros educativos para recibir cursos, asistir a conferencias de especialistas, ponerse al día de los nuevos conocimientos y realidades. Las soluciones a este reto no serán fáciles ni rápidas. También se nos presentará el desafío de relacionarnos con las máquinas, en una ola de robotización creciente que transformará profundamente el mercado laboral en multitud de sectores, afectando mayormente a las profesiones no demasiado cualificadas. En el marco de una democracia, si de verdad creemos en ella, a todos nos debe concernir tomar parte de las decisiones sobre cómo mejorar la enseñanza y el aprendizaje que traen consigo las nuevas herramientas tecnológicas y su incorporación a los colegios, escuelas de formación profesional y universidades, como centros abiertos a todos y al futuro.

Del mismo modo que ya no es imaginable un mundo sin ciertos recursos que marcaron un antes y un después (por ejemplo, energía eléctrica o Internet), en materia educativa tampoco debe ser concebible seguir trabajando bajo ciertos esquemas caducos; inercias y modos de plantear la educación basados en el autoritarismo, falta de transparencia en la gestión y distribución del conocimiento, o clases magistrales no participativas. Asimismo, se debe superar la época de los exámenes memorísticos y de profesores poco actualizados e inaccesibles, que habitan en torres de marfil desde donde pontifican más allá del bien y del mal. Nos situamos actualmente en un paradigma de complejidad e interdisciplinariedad. Esta realidad debe abrirnos a escenarios de colaboración entre instituciones y profesionales, y al ejercicio de un razonamiento crítico, riguroso e integral.

Lenguaje críptico
Tampoco es de recibo ni se justifica ya de ningún modo el uso de un lenguaje profesoral críptico, o de una prosa oscurantista, como la que usan a menudo no pocos materiales docentes y revistas académicas que supuestamente transmiten conocimientos de interés general. Tampoco están justificadas publicaciones científicas esotéricas cuyo acceso está restringido y condicionado al pago de elevadas sumas dinerarias por parte de las instituciones universitarias a determinados grupos editoriales multinacionales. Hoy la sociedad es más plural, compleja y dinámica. La economía y el mercado también se han debido flexibilizar con contenidos innovadores y de calidad, en acceso abierto, y de producción colaborativa y transversal. No tiene sentido conservar un sistema educativo rígido, lento, pétreo, opaco y sordo respecto de lo que sucede en su entorno.

La política tradicional y los grandes mass media tardaron bastante tiempo en entender esta lección y la crisis económica mundial junto a la revolución digital finalmente les ha superado y pasado factura. Ante el hartazgo de buena parte de la sociedad ante su inmovilismo, a los partidos políticos, grandes medios de comunicación y otras muchas organizaciones no les ha quedado más remedio que atender las nuevas reivindicaciones y realidades digitales, tendentes a la descentralización, transparencia y distribución abierta de la información. Numerosos grupos políticos y mediáticos, así como otros sectores profesionales pertenecientes a estructuras de poder anquilosadas y mastodónticas, han tenido que abandonar paulatinamente las viejas inercias y comenzar a innovar si querían sobrevivir en el nuevo ecosistema digital. Muchas organizaciones se tuvieron que olvidar de posiciones privilegiadas, oligopólicas y acomodaticias, complacientes con un statu quo que ha funcionado durante largo tiempo al servicio de estructuras de poder que permanecían impasibles a los nuevos planteamientos sociales.

Confiemos esta vez en que, en lo referido al sistema educativo, sus instituciones sepan ver las inmensas oportunidades que la revolución digital trae consigo para aumentar y mejorar las experiencias de enseñanza y aprendizaje, buscando un conocimiento más integral de la realidad y la colaboración interdisciplinar entre diversos colectivos profesionales y sociales.

Pablo Sanz Bayón es profesor de Derecho Mercantil en la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE (en Twitter, @UCOMILLAS). Doctor en Derecho, actualmente está involucrado en proyectos de investigación relativos a las nuevas tecnologías financieras, las FinTech, y su regulación.

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