Ryanair está afrontando por partida doble los efectos de la globalización. Su creador Michael O’Leary, quien trató de sacar ventaja de la múltiple legislación laboral en Europa, inscribiendo a sus trabajadores en Irlanda, se enfrenta ahora a un nuevo episodio de huelga global, o al menos europea. Un paro que ha obligado hoy a la ‘low cost’ a cancelar 158 vuelos en toda Europa. Y que constituye un episodio más en el pulso contra sus trabajadores que ha afectado ya a cientos de miles de pasajeros.
Los trabajadores de siete países europeos – España, Portugal, Holanda, Bélgica, Italia y Alemania – se han sumado hoy a la huelga convocada por los tripulantes de cabina y los pilotos, en este último caso de Bélgica, Italia y Alemania.
El tercer episodio de esta huelga global, que está siendo examinada con atención por estudiosos y actores del mundo del trabajo, ha obligado a cancelar 182 vuelos; 88 de ellos en España.
Las fronteras del trabajo
Sobre el conflicto gravita el concepto de frontera, utilizado, según los trabajadores, arbitrariamente por el creador de Ryanair, Michael O’Leary, y los efectos que estas fronteras tienen sobre los derechos de los trabajadores.
En España, ayer, tras diez hora de reunión, los sindicatos abandonaron furiosos la reunión con los responsables de la compañía. Tras el encuentro las centrales tildaron de “repugnante” la actitud de la empresa en una reunión donde también se sentó un representante del Gobierno española, a título de mediador.
La mediación fue imposible. Y los sindicatos USO y Sitcpla salieron de la reunión acusdando a la empresa de tratar de “designar” a sus contrapartes en la negociación; así como de presentar “tres convenios distintos” para dar cobertura a los tripulantes de cabina españoles, muchos de los cuales están contratados por empresas externas.
“Como si se tratase de tres empresas distintas”, criticaron duramente los representantes sindicales, quienes acusan a Ryanair de tener cedidos “ilegalmente” a los trabajadores externalizados.
Pero lo peor fue la negativa de O’Leary a someterse a la legislación nacional, según los sindicatos. Y ello a pesar de que Ryanair había anunciado poco antes su intención de plegarse a la legislación española.
Anuncios que los representantes sindicales, Ernesto Iglesias, de USO, y Antonio Escobar, de Sitcpla, rebajaron a meras “estrategias” de Ryanair llamadas a “desviar la atención” horas antes de la huelga.
Tercer episodio
La huelga de este 28 de septiembre constituye el tercer episodio en el pulso de los trabajadores con O’Leary, tras los paros de julio, con 100.000 pasajeros afectados, y agosto, con 67.000.
Hace un año el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TUE) advirtió a Ryanair que debe aplicar las leyes laborales locales a sus empleados en la Unión Europea; una de las principales reivindicaciones de los trabajadores.
Además, los tripulantes y pilotos de Ryanair exigen a la compañía que reconozca el papel de los sindicatos en la negociación de sus convenios colectivos, junto a otras peticiones, como mejores salarios, y un mayor índice de contratos directos, y no subcontratados o externalizados por la compañía con agencias.
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