Los piratas estaban dentro

05/07/2011

diarioabierto.es.

No sé en qué acabará lo de la SGAE. A tenor de lo conocido hasta ahora, parece que fraude haberlo, hubo, o apropiación indebida, o, en fin, mamoneo con el dinero de otros. Los tribunales decidirán, aunque, como en todo, poco importa ya cuando ha habido un juicio mediático en el que Teddy Bautista ha sido condenado sin compasión.

Vaya por delante que, como todo el mundo dice hipócritamente, creo en la presunción de inocencia. Y prefiero esperar a juzgar. Pero aprovechando este río revuelto de la SGAE, sí me gustaría hacer unas reflexiones en tono a la entidad y el sistema  que lo rige.

Uno de los pilares en los que se apoyan quienes defienden a los actuales gestores de la SGAE es que han traído la democracia y la transparencia a la entidad. Hombre, posiblemente, hayan traído algo de democracia (poca) y algo de transparencia (casi nada), pero lo cierto es que la SGAE ha estado manejada por un grupo muy reducido y muy de amiguetes que, considerando que los socios no saben organizarse, nos organizaban en ausencia.

De momento en la SGAE hay más de 100.000 socios, pero, curiosamente, sólo votan algo más de 8.000. ¿Por? Posiblemente porque no tienen cobros suficientes, con lo que les dejamos fuera de toda decisión. En la SGAE están los editores, que votan y que manejan miles de votos, muchas veces con intereses opuestos a los de los autores.

En las candidaturas sólo gobierna la más votada, sin dar entrada en los órganos de dirección a nadie de las listas contrarias, aunque hayan obtenido, como en las últimas elecciones, el 43%.

Si esto es democracia, venga Dios y lo vea. Pero es que hay más. La SGAE se lleva un 20% de lo recaudado por su gestión. Una pasta. Tanto como cualquier representante artístico. Y aunque es verdad que se publican sus cuentas, hay una cierta resistencia por parte de la dirección en clarificarlas.

Como socio de la SGAE pedí hace tiempo algo aparentemente muy sencillo: criterios, cuantía y beneficiarios de las ayudas de la SGAE a los artistas en sus proyectos y giras. Nunca obtuve respuesta. Lo curioso es que casi siempre eran los mismos los que recibían estas ayudas que se concedían en varias ocasiones a unos y se negaban siempre a otros.

En la SGAE hay fondos de difícil reparto por ignorarse el autor o porque responden a conceptos globales. El reparto se hace a los autores de manera directamente proporcional a sus ingresos: el que más recaudo reciba más dinero de esos fondos de difícil atribución. También propuse que con esos fondos se creara un fondo de pensiones para artistas en difícil o dramática situación. Ni caso.

No sé. Ojalá que esta crisis de la SGAE sirva para depurar los viejos vicios de una institución necesaria y que se ha distinguido, sobre todo, por una avaricia recaudatoria que, en demasiadas ocasiones ni estaba ni está justificada. Está bien la lucha contra la piratería. Pero es que los piratas estaban dentro.

Al pelo nos vienen los viejos versos de Espronceda:

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

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