‘El pueblo de los mellados’: La atención dominada

11/10/2018

Luis M. del Amo. Félix Albo triunfa en los Luchana con su espectáculo de narración oral.

Resulta increíble, un caso único, el excepcional talento que demuestra Félix Albo. Este narrador oral, que tiene un espectáculo en cartel en los Teatros Luchana de Madrid – El pueblo de los mellados –, los viernes de octubre, salvo esta semana, que actuará hoy jueves, 11, logra la proeza de endosar al público un torrente verbal de 70 minutos de duración sin que en en ningún momento aparezca en el espectador el menor atisbo de esfuerzo. Al revés, los espectadores gozan de lo lindo. Y premian con su aplauso el dominio de la atención que demuestra sobre las tablas este artista valenciano de la narración oral.

El pueblo de los mellados supone de algún modo la consagración de Félix Albo. Concebido como un homenaje a la vida rural, y mezclando elementos de la tradición narrativa española con otros más cercanos al realismo mágico, la narración se sitúa en un punto culminante de la producción de Albo, después de su celebrado Yayerías, y antes de Tanatorium, que podrá verse también estos días en Madrid.

Con elementos de thriller, y después de una larga introducción que culmina en casi un recitado en alabanza de la naturaleza, Albo tira del hilo de una historia donde no faltan ni sus abuelos, ya clásicos, ni otros elementos habituales de la tradición lírica y narrativa española, como los curas o los guardias civiles.

Con todos estos elementos el narrador mantiene un pulso, que se basa sobre el poder de seducción y la capacidad de atraer y retener la atención de los espectadores que Félix Albo ejerce sobre el escenario. Siguiendo la técnica explotada por los monólogos de humor, donde todo se va cerrando cada tres o cuatro frases, el narrador llena de gracia y encanto los 70 minutos que dura la representación. Y consigue el prodigio de imantar la atención del espectador de principio a fin, sin que este tenga en ningún momento la sensación de esfuerzo.

Un prodigio aderezado además de risas constantes – memorables son sus referencias a los antidisturbios que disuelven una manifestación, entre otras muchas ocurrencias –, que constata con cada frase que nos encontramos ante un narrador dotado de una sensibilidad moderna.

Así, sin dejar ni un momento que el espectáculo decaiga, y después de llegar a un sorprendente final, cuya posibilidad quedó apuntada a lo largo de la historia, antes de que el narrador lograra sabiamente desviar nuestra atención, los espectadores premian al final con un largo aplauso un espectáculo que les ofrece la rara sensación de haber asistido, y participado, en una ceremonia y celebración de la comunidad.

Muy recomendable.

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