El ballet de medusas del olvido

12/10/2018

Miguel Ángel Valero. Luis Fermín Moreno define la existencia como "un crimen perfecto" en su opera prima "En ángulo muerto".

Tiene mucha fuerza, vida, amor, pasión “En ángulo muerto”, la primera obra literaria qdel periodista y editor Luis Fermín Moreno y que se publica en la Colección Literaria Ojo de Pez /Poesía de la Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación de Ciudad Real. Para algo le ha servido haber nacido en Valdepeñas en 1966.

Canta Luis Fermín Moreno al placer, “único abrelatas del alma”. Para descubrir que “la poesía era el otro nombre del amor”. Y terminar viendo “ratas cazadas a golpe de salami de flor de acacia”.

Sólo por esos versos ya merece la pena leer, y releer varias veces, las 95 páginas de este libro escrito desde el enamoramiento permanente y desde la pasión por la vida, pese al paso del tiempo, de la pérdida de la inocencia, del desengaño, y de la muerte.

Una actitud ante la existencia que permite descubrir que “cuando la memoria se relaja” o “se moja en luna desnuda”, lo que sucede es que “el olvido saca su ballet de medusas”.

Nada que no se solucione con “un beso extraño amasado con miel y castañas”. Porque Luis Fermín Moreno, como todos los poetas, como todas las personas de bien, sabe perfectamente cuál es su tarea, y la describe de una forma magistral: “ensueño versos, noche tras noche, para que se levante, cada mañana, una aurora en tu mirada”.

Es posiblemente el mejor poema de “En ángulo muerto”. Casualidades de la vida, está en la página 69, el número erótico por excelencia (o al menos eso dicen).

No queda muy lejos (diez páginas después) otro gran poema: “solo en la oscuridad, me siento menos solo porque no puedo ver que no hay nadie más”.

Detrás del poeta hay un filósofo de la vida, de la existencia, a la que describe como “un crimen perfecto”.

Porque “se llega al presente en cualquier momento para caer de lleno en el fango cotidiano y no poder recordar quiénes hemos sido”.

Porque descubre que la “única soledad real” es “la que atiende a la intuición y desoye los consejos para salir y volver a caminar sin miedo”.

Pese a que “las palabras sólo goteaban en el silencio”. Y son “el fracaso del éxito inapelable”.

Alguien que reflexiona sobre “el tiempo, las tumbas, la inmensa lentitud del mundo, la rapidez de la muerte”. Y que llega a la conclusión de que “colocados en sus urnas, llenos de vida y orgullosos de sí mismos, los candidatos a cadáveres esperan la exhibición”.

“Solo nos resta aceptar la calderilla que la vida nos ofrece, entrometernos en el tiempo”, proclama el autor. Y siempre, “escribir los poemas que nunca terminamos”.

 

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