Los “okupantes” del PSOE

22/10/2018

César Vacchiano.

La alternancia política construye tradiciones democráticas, que consolidan el sistema de representación de la ciudadanía en el gobierno de los países y acreditan su calidad institucional. La reputación de los partidos se nutre de las conductas de sus dirigentes y de los procedimientos que los llevan al poder a través de sus resultados electorales. Esta obviedad pretende ser un preámbulo sobre la alarma que produce la evolución del PSOE en su devenir histórico, arrastrado por liderazgos de oportunidad que han destruido su valor como alternancia representativa de la izquierda sociológica en la política española.

El impacto de JLR Zapatero, no suficientemente analizado en los momentos más críticos de su ejecutoria, degradando la calidad de su gobierno, de las instituciones y de los soportes constitucionales del Estado, además de la propia economía y las bases del estado de bienestar, facilitó una cultura de arribismo táctico en los cuadros del partido, cada vez mas ajenos al papel desempeñado durante la Transición y a los vínculos generados con los nuevos votantes de la sociedad española que ya no decidían con recuerdos de la guerra civil. Una desgracia para esa sociedad, que concedió su segunda mayoría absoluta por despecho de lo visto y se enfrentó al purgatorio de la salida de la crisis con la supervisión internacional en el cogote.

La ausencia de liderazgo en el presidente Rajoy, incapaz de explicar la herencia recibida, y el deterioro de su valor electoral alimentaron un diseño de revolución populista que llegó a ser atractiva para un cuarto de la población, hecho no despreciable en términos sociológicos si se tiene en cuenta que los apoyos iniciales procedían de ámbitos universitarios. El estallido de la corrupción en Cataluña y la derivada elegida por sus gobernantes para superar sus delitos alimentando la secesión, crearon un escenario de oportunidad para el PSOE que con mayor visión del Estado podría haber consolidado definitivamente su papel hegemónico en el liderazgo de la izquierda.

No ha sido así y ciertamente es difícil cuando la derecha ha asumido la gestión del estado de bienestar como valor propio, ante una sociedad globalizada en lo económico y vinculada con acuerdos multilaterales a políticas de orden superior al del propio país. Una oportunidad perdida por motivos diversos entre los que destaca la visión cortoplacista, la ausencia de rigor en el análisis, el oportunismo por destruir al contrario y la ambición de un dirigente vacío de contenido y dispuesto a elegir equipos que no le hagan sombra. El carpe diem en la política.

Las condiciones de acceso al gobierno en 2018, marcarán la reputación del PSOE por mucho tiempo y serán analizadas en el marco de una coyuntura política de incertidumbre provocada. Salvada la inconsistencia del candidato presidente, cuyos avales proceden de los grandes antagonistas del socialismo ahora aliados de coyuntura ante un poder alcanzable, la gravedad de sus efectos para el partido está en la propia naturaleza de esos aliados. La inteligencia y el uso interesado de una semántica encubridora de las intenciones parecen no alarmar a un PSOE cautivo de Podemos. Sin otra iniciativa que las producidas en su “laboratorio de ocurrencias” surgido en la Moncloa a modo de Gabinete en la sombra, la “okupación” de los actos de gobierno por el aliado “podemita” cobra protagonismo creciente solo paliado por el gesto del líder en cada aparición de su programa internacional.

El proceso consultivo que pretende conciliar la aprobación de los presupuestos de 2019, se ha convertido en un “vodevil político” cuyo desenlace es menos importante que las escenas que brinda a lo largo de la obra. La inteligencia revolucionaria de Podemos alimenta a su actor principal, que recorre el escenario y busca su notoriedad haciéndose ver en todos los lances de conquista, ante los guardianes del voto infinitesimal que acabará integrando una mayoría de soporte interesado al “okupa” principal. Alarma pensarlo, pero nunca tantos temieron tanto por tan pocos.

Porque los temores no aparecen únicamente en los constitucionalistas de los diversos grupos conservadores y liberales del espectro político. Entre los constitucionalistas convencidos del valor de la socialdemocracia, el sectarismo de derribo también se percibe con temor por cuanto implica importantes riesgos electorales. En Andalucía van a dirimirse los valores aspiracionales de una población que vive al día entre las amistades peligrosas y las vacías esperanzas de cambio. Si la dama de la Junta pacta con Podemos, para sobrevivir a la “okupación” del PSOE, habrá triunfado y viviremos comicios nacionales premonitorios de alianzas tácticas de frente populismo. Si gobierna sola, en reconocimiento de su triunfo minoritario, con la tolerancia de los conservadores, el “okupa” de Madrid se verá en tesitura difícil para el coqueteo independentista. Si se ve derrotada y ha de encabezar una insólita oposición socialista en la Junta, las elecciones generales serán cosa de meses.

Ninguno de los cuatro contendientes juega en las elecciones del 2 de diciembre con sus mejores estrellas. Es consecuencia de los tiempos que corren y de un pasado nada propicio a los semilleros, pero sin ser todos los que son, pueden ayudar a que desaparezcan algunos de los que están. El jefe teórico de la presidenta – candidata planea visitar el mundo sin las estrecheces de la clase turista, para hacerse notar en las primeras paginas que domina su “viceokupa”, ahora inmerso en la aprobación del presupuesto que consolida los gastos de vigilancia de su mansión.

Nos espera un 40º Aniversario del refrendo de nuestra Constitución lleno de incertidumbres; algunos de los que fueron actores principales en su plasmación como fuente de concordia, se arriesgan a mercadear con sus valores a través de “okupas” interpuestos.

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