El acierto de recuperar a un revolucionario de Utrera

23/11/2018

Miguel Ángel Valero. "Vida y ficciones del abate Marchena", editada por la Fundación José Manuel Lara y el Ayuntamiento de la localidad sevillana, es una original manera de acercarse a este singular personaje.

«Entre los personajes de la Historia de España hay pocos tan singulares e inclasificables como el andaluz José Marchena». Así comienza la magnífica introducción de Eva Díaz a «Vida y ficciones del abate Marchena.Un revolucionario de Utrera a París», editada por la Fundación José Manuel Lara y el Ayuntamiento de Utrera (Sevilla), y obra en la que participan también con sus relatos Jesús Maeso de la Torre, José Luis Corral, Espido Freire, Alfredo Taján, José Calvo Poyato, Care Santos, Adolfo García Ortega, y Alberto González Troyano.

El planteamiento es original: una introducción al personaje y ocho relatos en torno a él. Y muy didáctico: se aprende cómo, pese a que se le conoce como abate Marchena, el revolucionario de Utrera no siguió la carrera religiosa, fue uno de los hombres más críticos con la Iglesia, y en su casa de París colgó un cartel que rezaba «Aquí se enseña ateísmo».

José Marchena (1768-1821) fue casi todo: poeta, ensayista, dramaturgo, periodista, traductor (pasó al castellano las obras de Rousseau, Voltaire y Montesquieu), historiador de la literatura española, político (a punto estuvo de ser guillotinado durante el Terror de Robespierre), introductor en España de las ideas de la Revolución Francesa, falsario (creó un falso texto perdido del «Satiricón» de Petronio con el que engañó a toda la comunidad académica del momento), perseguido por la Inquisición, funcionario de José I en la Guerra de la Independencia (fue luego acusado de afrancesado), exiliado, y un largo etcétera.

Por eso sorprende que su trayectoria y su obra sea tan desconocida en España. Y por eso tiene tanto mérito este trabajo de la Fundación José Manuel Lara y del Ayuntamiento de Utrera.

Marchena solo logra el reconocimiento en la última fase de su vida, durante el Trienio Liberal, y luego aparece en diccionarios y enciclopedias francesas del primer tramo del siglo XIX. En España, paradójicamente, es rescatado del olvido por la monumental y fundamentalista «Historia de los heterodoxos» que Marcelino Menéndez y Pelayo publicó a finales del siglo XIX, en la que se le califica de «propagandista de impiedad», de «sectario intransigente y fanático», y se recuerda «su influencia diabólica y su talento estragado por la impiedad y el desenfreno».

Luego, inspira a Benito Pérez Galdós en «El audaz». También aparece en tres volúmenes de sus «Episodios Nacionales». Vicente Basco Ibáñez lo hace protagonista de «La explosión», y lo incluye en «Viva la República». Pío Baroja lo cita en «El amor, el dandismo y la intriga», en «El aprendiz de conspirador», y en «Con la pluma y el sable». En la obra de teatro «La Diosa Razón», de los hermanos Machado, Marchena es uno de los personajes.

Aparece en «El siglo de las luces», del escritor cubano Alejo Carpentier; en «Pamela», de Joan Perucho; y el abate Bringas, de la magnifica «Hombres buenos», de Arturo Pérez Reverte, tiene mucho de Marchena. Y Juan Goytisolo lo traslada al mayo del 69 francés en la original «Carajicomedia». El escritor utrerano Pedro López Núñez barre para casa en «El regreso del Abate». Y también figura en la televisión: Mario Pardo interpretó a Marchena en la serie «Los desastres de la guerra», dirigida por Mario Camus en 1983.

Difusor de las nuevas ideas

José Marchena nace reinando Carlos III, y su padre era agente fiscal del Consejo de Castilla. Hacía años que Pablo de Olavide había tratado de llevar el Siglo de las Luces a Sevilla, y quedaba su obra en los jóvenes intelectuales de la Academia de Letras Humanas (Alberto Lista, José María Blanco White, entre otros).Estudia con Diego Muñoz Torrero, Ramón de Salas o Juan Meléndez Valdés como profesores en la Universidad de Salamanca. Allí descubre su misión: «la difusión de las nuevas ideas para la creación de un estado de opinión acorde con los cambios».

Pero su primera iniciativa, el periódico «El Observador» (finales de 1787), choca con la Inquisición. Se marcha a París, donde publica «Oda a la Revolución francesa». Desde Bayona publica en la «Gaceta de la Libertad y de la Igualdad», escribe la proclama «A la Nación española», e introduce clandestinamente la doctrina revolucionaria en España, hasta que es expulsado de Francia por la Policía.

Durante el Terror de Robespierre, es encarcelado y le faltó poco para sufrir la guillotina. En diciembre de 1794 puede volver a ver el cielo de París. Participa en la tertulia de Jean-Baptiste Talline, marido de la española Teresa Cabarrús, y en la de Madame de Staël.

Durante el golpe de Estado del 18 de Brumario (9 de noviembre de 1799), que lleva al poder a Napoleón, es expulsado de Francia. A la vuelta publica «Le Spectateur Français», hasta que le cierran el periódico y le encarcelan. Tras su liberación, publica «Ensayo de Teología», donde defiende que las ideas religiosas «retardan los progresos del espíritu humano».

En 1808 entra en Madrid con el ejército del general Murat, del que llegó a ser secretario, y participa en el Ministerio del Interior del Gobierno de José I Bonaparte. Tras la derrota francesa, es acusado de afrancesado, y lucha contra la tiranía de Fernando VII. En 1820 publica «Lecciones de Filosofía Moral y Elocuencia», obra que analiza las mejores obras de la literatura española, mientras participa en el Trienio Liberal. Un discurso suyo el 6 de noviembre de 1820, en el que propone la supresión de las órdenes mendicantes, le granjea el odio de los conservadores.

Marchena muere el 31 de enero de 1821 en la más absoluta pobreza. Y prácticamente cae en el olvido. Por eso es tan importante esta obra coordinada por Eva Díaz y que recupera su figura, sus ideas y su obra.

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