El Thyssen une el arte y la gastronomía

04/12/2018

Miguel Ángel Valero. En una singular iniciativa, 25 chefs idean platos basados en obras de la colección permanente del Museo.

Plato de Andoni Lus Aduriz basado en el cuadro “Venecia era todo oro”, de Lucio Fontana.

Guillermo Solana, el director artístico del Museo Thyssen, defiende “la pintura como arte gastronómico” y “la cocina como arte visual” en la presentación de “El Thyssen en el plato”, una original iniciativa en la que 25 chefs elaboran recetas basadas en algunas obras de la colección permanente de la pinacoteca.

El Thyssen ya lleva tiempo ofreciendo al visitante un recorrido gastronómico a través de algunas de las obras expuestas, que se ha plasmado en esta obra, en la que los chefs han recorrido las salas buscando inspiración en una obra. Cada uno de ellos ha elegido una obra (curiosamente, sin ponerse de acuerdo, ninguno ha coincidido en el mismo cuadro) y realizado una receta basada en ésta.

No se ha buscado una traslación literal de la obra al plato, sino una inspiración que puede aparecer a través del tema de la obra elegida, la textura del material utilizado por el artista, los colores. En “El Thyssen en el plato”, cada cocinero explica, en un breve texto, por qué ha elegido esa obra y qué elementos del cuadro le han llevado a crear esa receta.

Este “diálogo entre arte y gastronomía”, como lo describe Solana, desemboca en una “maravilla visual”, y en un interrogante: “¿a qué saben los cuadros?”. El resultado oscila entre interpretaciones de los chefs “muy lineales” y otras “muy metafóricas, libres, poéticas”, con algunas recetas de realización imposible.

En este “fantástico despliegue de la cocina como arte visual”, Carme Ruscalleda llega a diseñar un plato rectangular para “recrear con más detalle” el cuadro “Segmentos de círculo”, de Lázsló Moholy-Nagy. Paco Torreblanca crea una tarta basada en “Tensión suave”, de Wassily Kandinsky.

En ocasiones, la afinidad se concentra en una técnica, como el ‘dripping’ de Jackson Pollock en “Marrón y plata”, convertido en plato por Sacha Hormaechea. O el cocinero se centra en un detalle, como la piel de tigre del “Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un instante antes del despertar”, el famoso cuadro de Salvador Dalí. Roberto Martínez Foronda simula esa piel de tigre con tinta de calamar sobre láminas de boniato fritas, uno de los platos que más llaman la atención.

En otros casos, el chef opta por la herejía, por llevar la contraria al artista. Así, Juan Mari y Elena Arzak convierten la “Composición de colores” de Piet Mondrian dando un rotundo protagonismo al verde, que está rigurosamente proscrito por el pintor.

Otras soluciones son aún más llamativas. La conexión entre cuadro y plazo no tiene que ver ni con el color ni con la forma. Víctor Arguinzoniz transforma “Un arroyo en el bosque”, de ASsher B. Durand, en un plato de setas. Desde otra óptica, hace lo mismo Paco Morales con “El lago Greenwood”, de Jasper Francis Cropsey.

Sami Alí, que convierte en plato “Verano en Nidden”, de Max Pechstein, lo explica muy bien: “la tarea del cocinero es trasladar emociones a sabores”.

La conclusión es que “la correspondencia entre arte y gastronomía enriquece la cultura”, subraya Guillermo Solana.

Maridaje

En la presentación de “El Thyssen en el plato” triunfaron las propuestas de Cervezas Alhambra, y la selección de bebidas realizada por Torres expresamente para el acto: Cuvée Esplendor by Vardon Kennett 2013, Jean Leon Vinya Gigi 2016 (DO Penedés), un soberbio Purgatori 2014 (DO Costers Del Segre), Marimar Estate Mas Cavalls Pinor Noir 2014 (DO Sonoma Coast)  y Floralis Moscatel Oro. También, las sobrasadas de Can Company.

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