Dime con quién pactas

11/01/2019

José María Triper.

Resulta de un cinismo rayano con la hipocresía descarada la demonización que desde el
Gobierno de Sánchez y algunos altos cargos del PSOE, Susana Díaz incluida, se está
haciendo del acuerdo tripartito para formar un gobierno del cambio en Andalucía. Un
pacto que es claramente a tres, entre PP, Vox y Ciudadanos, por mucho que Rivera y
Marín jueguen al postureo y a ponerse de perfil para intentar nadar con sus socios
europeos y guardar la ropa de sus votantes, mayoritariamente favorables al acuerdo.

Una demonización con la que los socialistas intentan aplicar a los firmantes ese adagio
popular de dime con quién andas y te diré quién eres, intentando meter a las tres
formaciones políticas en ese saco de extrema derecha o de derecha extrema con el que
han calificado a Vox. Estrategia esta de la confusión que no extraña por venir de
quienes desde el sanchismo son especialistas en ver la paja del ojo ajeno sin reparar en
la viga que tienen en el suyo.

En el más estricto respeto a las reglas democráticas el acuerdo de PP y Ciudadanos con
Vox para expulsar al PSOE de la Junta de Andalucía es tan legítimo y legal como el que
Sánchez maquinó en la moción de censura para echar a Rajoy del Gobierno de España.
Y desde el punto de vista de la moralidad habría que recordarle que si él se mantiene
todavía en La Moncloa es gracias a ese acuerdo con los populistas y antisistemas de
Podemos, los independentistas del PDeCat y ERC, y con Bildu que no es sino la marca
blanca de ETA y del terrorismo vasco.

En buena lógica, si aplicamos a Sánchez, su gobierno y sus acólitos –que
afortunadamente no son todos en el PSOE- ese dime con quién pactas y te diré quién
eres habría que convenir que esa acusación de” traición” que les espetó Pablo Casado
podría quedarse corta, cuando menos, además de ser reiterativa a tenor de las
negociaciones sin luz ni taquígrafos que sigue manteniendo para conseguir ese apoyo a
los Presupuestos que le permitan mantenerse en el sillón.

Pero hablando de extrema derecha o de derecha extrema, que tanto monta, el inquilino
de La Moncloa debería empezar a asumir que si alguien ha resucitado a la extrema
derecha en España y ha dado, y sigue dando, aire y votos a Vox, han sido él su gobierno
con su política de renuncias a la defensa del Estado a los principios de igualdad entre
todas las comunidades españolas y sus concesiones a unos grupos independentistas cada vez más radicales y envalentonados. Porque Vox, como en su momento fue Podemos, no es sino la plasmación en partido político de un sentimiento ciudadano de rechazo.

Por cierto que hablando de hipocresías, resulta cuando menos esperpéntico el mesar de
cabellos y rasgamiento de las vestiduras que desde el sanchismo hacen por el video con
un chiste en el que un niño desea la muerte de Pedro Sánchez, cierto es que indeseable y
de mal gusto, cuando ellos mismos han defendido como libertad de expresión esas
mismas expresiones de muerte, amenazas e insultos aberrantes del rapero Valtónyc o las bufonadas de Willy Toledo. Sepulcros blanqueados. ¿O no?

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