Los centros especiales acaparan el 70% de los contratos de personas con discapacidad

16/01/2019

Luis M. del Amo. Fundación Adecco: “No se avanza en la normalización”.

La contratación de personas con discapacidad no deja de crecer. Sin embargo, algunos nubarrones eclipsan este éxito. La mayor parte de los contratos se cierran en centros especiales de empleo. Un ámbito protegido, concebido como fase de transición, pero que corre el riesgo de convertirse en una reserva, por la falta de avances en el ecosistema empresarial. Las empresas no están haciendo sus deberes, según la Fundación Adecco.

La contratación volvió a crecer en 2018 entre las personas con discapacidad. El año pasado se cerraron casi 117.000 contratos, siete mil más que un año atrás. Hace diez años apenas sobrepasaban los 50.000, según los datos de los Servicios de Empleo Público (SEPE) manejados por Fundación Adecco.

Sin embargo, este éxito en la contratación – aunque nada dice de la duración de los contratos – muestra en su detalle algunas sombras. El crecimiento en las empresas ordinarias, adonde debe dirigirse el esfuerzo por la plena inclusión, se mostró más débil en comparación.

Apenas tres de cada diez contratos sellados en 2018 tuvieron como destino una empresa ordinaria. Una proporción que hace diez años rondaba el 50%.

“Los Centros Especiales de Empleo (CEE) se están convirtiendo en un fin, en lugar de constituir un medio”, corrobora Francisco Mesonero, responsable de la Fundación.

Las empresas, obligadas por ley a contratar a algunas personas con discapacidad, pueden eludir esta obligación si encargan bienes o servicios a estos centros especiales.

Sin embargo, esta no es la finalidad última de la ley, explica Mesonero. “La legislación establece que los centros especiales de empleo han de constituir, siempre que sea posible, un trampolín hacia la empresa ordinaria”, afirma. Es allí donde el concepto inclusión alcanza su “plena coherencia”, añade.

Faltan planes en las empresas

Según Mesonero, las empresas son en parte responsables de esta falta de resultados en la plena integración laboral de las personas con discapacidad. Faltan en las compañías planes de sostenibilidad, que trasciendan las políticas de responsabilidad social corporativas (RSC) o la mera filantropía, y que acometan una honda transformación de sus estructuras a fin de dar cabida al talento de estas personas.

“Bajo el modelo actual se da por hecho que son los trabajadores los que deben adaptarse a los ya estructurados entornos empresariales. Pero son las empresas las que deben empezar por abrirse a la diversidad imperante, acometiendo una reforma estructural”, añade el directivo.

Una reforma profunda en las empresas que garantice que cualquier profesional, sin etiquetas ni condicionamientos, puede desplegar todo su potencial, concluye.

“No se trata de desarrollar políticas de RSC o filantropía, sino de formular un plan de sostenibilidad”, concluye.

Medir la transición

En esta línea, la Fundación Adecco plantea algunas medidas que podrían mejorar la situación de la integración laboral de las personas con discapacidad. En primer lugar propone reformular los centros especiales, y comenzar a medir allí su éxito como trampolines hacia las empresas convencionales.

Lo llaman indicadores cuantificables de tránsito, y servirían para controlar si estos centros especiales están cumpliendo su función de catapultas hacia el empleo en la empresa ordinaria.

Pero también se señalan algunas cosas que las personas con discapacidad deben mejorar. Hasta ahora muchos de ellos no se preocupan de mejorar su formación y aptitudes laborales hasta cumplir los 18 años. Y ya es demasiado tarde.

Por eso, Mesonero recomienda cambiar este “planteamiento inadecuado” y adelantar a edades más tempranas la adquisición de habilidades prelaborales, que son necesarias para trabajar, en los planes de formación y cualificación de las personas con discapacidad.

Fuente: SEPE – Elaboración: Adecco

Con todo, la Fundación se felicita de los casi 117.000 contratos de trabajo firmados el año pasado por personas con discapacidad, un 6% más que un año atrás; unos 83.000 de ellos en centros especiales de empleo, y el resto, casi 34.000, en empresas ordinarias.

“Las cifras reflejan que los centros especiales se están convirtiendo en una medida finalista”. De este modo, se eclipsan los entornos ordinarios, como máximos exponente de inclusión sociolaborales, y aunque se incrementa la participación de estos profesionales en el empleo, no se avanza en la normalización de la discapacidad en nuestra sociedad”, finaliza.

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