Terremoto Vox

21/01/2019

Josep M. Orta.

La irrupción de Vox ha provocado un terremoto en todo el mapa político. Sabido es que los partidos hacen oposiciones cada vez que los ciudadanos son convocados a las urnas y, de sus resultados, su consejo de administración (los votantes) pasan factura.

No es de extrañar que en este periodo preelectoral las encuestas sean las que condicionan la actuación de cada cual, junto con los nervios de aquellos que ven peligrar su silla. Ello propicia el curioso espectáculo de travestismo político que hace que no duden en cambiar de ideología en aras a un buen resultado electoral mientras los principios les son más que flexibles.

Tras los comicios andaluces hemos visto que prácticamente todos los partidos están sufriendo una crisis interna. Los populares, tras el espejismo de lograr la presidencia de la Junta habiendo perdido más de cuatrocientos mil votos está dividido entre los que se abrazan a Vox y los que sueñan con ocupar un espacio de centro que en su día llevó a Aznar a la Moncloa. La euforia de Casado en sus actos públicos no impide ver la fuga de votos que sufre su partido en manos de sus «hermanos separados». Muchos barones territoriales ven peligrar su poltrona o cercenadas sus aspiraciones con el evidente desplazamiento a planteamientos de extrema derecha.

También no pocos dirigentes socialistas están nerviosos con las políticas de Pedro Sánchez. El susanismo no está derrotado y muchos barones discrepan abiertamente (Aragón, Extremadura…) del discurso del partido. Bajo la palabra «izquierda» defienden postulados cada vez más de derechas y tratan de cazar votos sumándose a las campañas de catalanofobia (cabe recordar que no ha mucho defendían para Catalunya un referéndum pactado con el Estado) Si antes tenían pánico de Podemos ahora temen una fuga de votos bien a la abstención o a los partidos de su derecha.

Podemos sufre la eterna crisis de los partidos de izquierdas y el fervor inicial del 12 M se va diluyendo. Este partido se enfrenta con los enfrentamientos típicos de sus dirigentes mientras muchos de sus votantes señalan el «no es eso, no es eso». Por otra parte la crisis que ha abierto Errejón no es más que la punta del iceberg de muchas crisis con sus confluencias.

Ciudadanos, aparte de crear en Catalunya un conflicto donde no existía, es un partido incógnita que lo único que tiene claro es el conflicto territorial y la crispación. Un día critican la lucha de las mujeres por la igualdad por ser una campaña anticapitalista, otro renuncian a la socialdemocracia fundacional para caer en los brazos del más duro anticapitalismo. Es un partido de marcado carácter lerrouxista (ello hace que en unas elecciones en barrios populares de Barcelona les votes y la semana siguiente este mismo barrio vote a Ada Colau). Ahora no saben que hacer para desmarcarse de su alianza de facto con Vox en Andalucía. ¿Que harían si gobernaran? Es una incógnita.

En cualquier caso vemos que la irrupción de Vox ha propiciado crisis internas en casi todos los grandes partidos y que en virtud de las circunstancias estos están dispuestos a renunciar a sus principios para ganar votos. Aunque el voto no tiene más propiedad que el que lo emite y el votante es libre de dejarse engañar… o no.

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