En los sesenta cayó en mis manos un disco que, de inicio, me resultó extraño. Se anunciaba como Elia Fleta y el Jazztet de Madrid. Para empezar, la cantante tenía las misma iniciales de quien para mí, entonces, significaba el jazz, Ella Fitzgerald. Una casualidad afortunada. Elia Fleta era una cantante conocida por su apellido ilustre, hija del tenor navarro Miguel Fleta, y por unos cuantos éxitos populares a dúo con su hermana Paloma. Tan intrigante como esa irrupción de la cantante en el jazz era para mí el grupo que le acompañaba y cuyas fotos aparecían en la contraportada del disco. Juan Carlos Calderón, arreglista y director, Lin Barto, Pedro Iturralde, Joe Moro, José Chenol, Wladimiro Bas, Pepe Nieto y Jaime Pérez, citados en el mismo orden.
Aquel grupo me enganchó y algunos de sus miembros han pespunteado mi afición al jazz con actuaciones en directo y en discos memorables, aunque la fidelidad máxima al género, para mi, ha sido Pedro Iturralde, que el 13 de julio cumplirá unos prometedores 90 años.
Pedro, a quien tantas veces acompañó su hermano Javier, me descubrió una palabra decisiva en la música del siglo XX y con vigencia hasta no sabemos cuando, la fusión. Ahora todo el mundo habla de fusión, pero cuando Iturralde investigó sobre la manera de emparentar en flamenco y el jazz, era un término prácticamente desconocido para lo musical.
En Club de jazz de Radio Nacional y en El vuelo 605 de Ángel Álvarez, en Radio Peninsular, daban cuenta de sus giras internacionales, de sus sesiones en el Whiskey Club. Por allí aparece un tal Teté Montoliu. Nos cuentan su éxito en el Festival de Jazz de Berlín, donde se codea con Miles Davis, con el brasileño Baden Powel y donde el hermanamiento del jazz con el flamenco alumbra el nacimiento de otra estrella rutilante de la música española, el gran Paco de Lucía.
Su maestría, dicho en sentido estricto, le llevó a la cátedra de saxofón del Real Conservatorio de Música de Madrid donde impartió clases hasta esa memez administrativa que llaman jubilación. Pasó como becario por la Academia “Berklee” de Boston. Dirigió big bands de muy variada configuración, compuso bandas sonoras para el cine… Se me ha colado algún verbo en pasado, cuando, por fortuna sigue siendo un músico presente, de un género minoritario que él ha dignificado y ennoblecido.
Pedro Iturralde es un gigante, a punto de nonagenario, lo que nunca le agradeceremos bastante quienes hemos disfrutado de él y con él desde aquel Jazztet de Madrid en los sesenta y lo que nos queda.
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