
El encuentro está previsto a las 11:00 horas del jueves en los despachos de la Comisión Europea y será el séptimo «cara a cara» entre Jean-Claude Juncker y Theresa May desde que comenzó el proceso de negociación del divorcio, según han explicado fuentes comunitarias.
«Se han producido una serie de votaciones que son la base para que May venga a exponer sus ideas para continuar», ha indicado el portavoz de Juncker, Margaritis Schinas, quien ha apuntado que la posición de la UE es de sobra conocida y que esperan de la ‘premier’ que presente «novedades».
La cita se producirá, además, un día después de que viaje a Bruselas el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, que se verá el miércoles con Juncker y con el presidente del Consejo europeo, Donald Tusk.
En la reunión de Juncker y May estará también presente el negociador de la UE para el Brexit, el francés Michel Barnier, al que los Veintiocho reconocen como el único autorizado a negociar en nombre del bloque.
Es también probable que la ‘premier’ británica aproveche el desplazamiento para hablar personalmente con Tusk, pero este encuentro no ha sido aún confirmado.
El papel de Barnier en las negociaciones entre Londres y los 27 lo ha tenido que recordar esta semana el secretario general del Ejecutivo comunitario, el alemán Martin Selmayr, quien el lunes se reunió con diputados británicos de la comisión parlamentaria para el Brexit para abordar la situación. «La reunión confirmó que la Unión Europea hizo bien en iniciar los preparativos para un no acuerdo en diciembre de 2017», escribió Selmayr en Twitter, en una cadena de mensajes publicados para desmentir que él hubiera asumido tareas de negociador y que hubiera ofrecido a los británicos cambios legalmente vinculantes en el acuerdo.
No obstante, la UE se niega a reabrir el tratado de retirada negociado entre Londres y Bruselas en los últimos 18 meses y rechaza de plano cualquier modificación que altere el plan de emergencia diseñado para proteger la frontera blanda en el Ulster. Esta salvaguarda, conocida en la jerga comunitaria como ‘backstop’, solo se activaría de manera temporal si al concluir el periodo de transición del Brexit las partes no han hallado una solución mejor para evitar la reintroducción de una frontera física, con controles policiales y aduaneros, en la isla irlandesa. Para muchos diputados británicos este mecanismo supone la amenaza de que Reino Unido quede «atrapado» sine die en una unión aduanera y reclama cambios para limitar su aplicación, algo que desde la UE se niegan a contemplar porque creen que perdería su valor de protección y pondría en riesgo los acuerdos de paz del Viernes Santo.
La Cámara de los Comunes tumbó a mediados de enero el acuerdo sobre las condiciones de salida y pidió a May un plan b para desbloquear la situación. En un segundo voto la semana pasada, los diputados encargaron a May renegociar elementos fundamentales del Brexit, pero no aclararon las condiciones bajo las que estarían dispuestos a aprobar el pacto.
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