
El Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) ha decidido por unanimidad mantener los tipos de interés de Reino Unido en el 0,75%, mientras que también ha votado a favor de no introducir variaciones en el alcance de sus medidas no convencionales de estímulo monetario.
También han votado en bloque a la hora de mantener en 10.000 millones de libras esterlinas, unos 11.383 millones de euros, el programa de compra de deuda de empresas financiado con la emisión de reservas del banco central, así como de continuar con el programa de 435.000 millones de libras esterlinas, unos 495.157 millones de euros, de compra de bonos soberanos.
En su análisis, la vieja dama de Threadneedle Street advierte de la ralentización observada en la economía británica en el último tramo de 2018 y el arranque de 2019 «que refleja principalmente la moderación de la actividad en el exterior y los mayores efectos de las incertidumbres del Brexit a nivel doméstico». En este sentido, considera que estas incertidumbres podrían provocar una mayor volatilidad a corto plazo de los datos económicos del Reino Unido, lo que podría dificultar las proyecciones a medio plazo.
No obstante, el instituto emisor británico confía en que la mayor incertidumbre y los incrementos en los costes de financiación de los bancos remitan con el tiempo a medida que haya más claridad acerca de los futuros acuerdos comerciales con la UE, lo que, junto a una política fiscal más laxa, proporcionará apoyo a la demanda doméstica.
De este modo, en sus nuevas proyecciones de crecimiento, el Banco de Inglaterra espera una expansión media del 1,2% del PIB del Reino Unido en 2019, frente al 1,7% previsto en noviembre, mientras que para 2020 anticipa un crecimiento del 1,5%, frente al 1,7%, y del 1,9% para 2021, dos décimas menos de lo proyectado hace apenas tres meses.
«La perspectiva económica seguirá dependiendo significativamente de la naturaleza de la retirada de la UE, particularmente de los nuevos acuerdos comerciales entre Reino Unido y la UE; si se contempla un periodo de transición o se aplicarán de forma abrupta; y cómo responden a esto empresas, hogares y mercados financieros. La respuesta de la política monetaria al Brexit, sea cual sea su forma, no será automática y podría tomar cualquier sentido», explicó la institución.
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