De mentiras y deslealtades

12/02/2019

José María Triper.

Extasiado en su autismo egocentrista y despreciando la voz de la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, Pedro Sánchez no sólo ignoraba a las decenas de miles de personas que abarrotaron la madrileña Plaza de Colón y sus calles adyacentes, sino que acusaba de mentir y de deslealtad a los partidos convocantes, mientras aludía a su apoyo a Rajoy cuando la declaración unilateral de independencia.

Y, efectivamente, fue así, pero habría que recordar al señor Sánchez las gravísimas circunstancias del 1-O, con la consumación de un golpe de Estado por parte de unos grupos políticos que son, precisamente, en los que él se apoyó para ganar la moción de censura y en los que se apoya ahora para mantenerse en la Moncloa a costa de claudicaciones.

Y habría que recordarle también que por encima de la lealtad al Gobierno está la lealtad a la Constitución, a las leyes y a la soberanía nacional que son las que ahora están seriamente amenazadas por su gestión política, sus ambiciones personales y su falta de coherencia.

Pero hablando de coherencia y deslealtades, todavía está fresca en las hemerotecas la promesa de Sánchez durante la citada moción de censura de convocar elecciones “cuanto antes” si era investido Presidente. Una promesa no cumplida y que supone una profunda deslealtad con el Parlamento, con su propio partido y con los españoles.

Deslealtad en incoherencia es también prometer la despolitización de RTVE y luego hacer una purga de casi 80 profesionales despedidos o desplazados para convertir el ente público en el órgano de propagando, no del PSOE, sino del sanchismo con la colaboración necesaria de Rosa María Mateo. ¡Quién la ha visto y quién la ve!

Deslealtad es también presionar a la Justicia para cambiar la acusación de la Abogacía del Estado a los procesados por el 1-O. Como deslealtad es negociar los Presupuestos del Estado en la cárcel con los golpistas procesados y aceptar una mesa de partidos, con mediador o relator incluido, deslegitimando las instituciones democráticas y humillando al Estado.

Y si pasamos al capítulo de las mentiras pues es obvio que Sánchez miente cuando afirma que la de Colón era una concentración contra “mi persona”. Que no se equivoque. Ni es tan importante, ni merece tal honor. La concentración era, como se había enterado todo el país menos él, por la unidad de España y para que cumpla esa promesa de convocar las elecciones.

Miente también Sánchez cuando habla de una concentración de las derechas. Etiquetar en un partido o una opción política a quienes se manifestaban en defensa de la Constitución, de la unidad de España y la Transición es sencillamente repugnante.

Y, finalmente, la gran mentira la firmó la Delegación del Gobierno en Madrid. La cifra de 45.000 asistentes que contabilizaba tiene la misma credibilidad que las encuestas de Tezanos o la palabra de Sánchez, es decir, NINGUNA.

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