¿Por qué les dicen mercados?

14/07/2011

diarioabierto.es.

Todo lo que nos pasa es culpa de los mercados: los recortes sociales, los desahucios, la pérdida de los derechos laborales, el paro, los impuestos… todo. Nadie sabe muy bien qué o quiénes son los mercados. Yo me acuerdo que en la facultad enseñaban que los mercados eran aquellos lugares en los que concurrían la oferta y la demanda. De lo que fuera: comida, viviendas o dinero.

Bueno, pues resulta que son esos lugares donde concurren oferta y demanda los que producen todos los males que nos están dejando sin carne en los huesos. Sin embargo, lo que no dicen los sabios es que en los mercados hay gente que, digamos, va y compra todas las manzanas y cuando el mercado se queda sin manzanas, las saca a la venta a un precio mayor que el real. Son los especuladores.

Y luego, nos enteramos que hay otra gente que va al mercado y dice: “Estas manzanas son malas. Se van a estropear en dos días”. Y la gente no las compra y el vendedor de manzanas va y se arruina. Mientras tanto, el que ha dicho que esas manzanas están estropeadas ha recomendado comprar otras y alguien ha hecho negocio. Son las agencias de calificación. En el fondo un instrumento de  especulación.

Además hay otros señores que van al mercado y dicen que el dependiente que vende las manzanas gana demasiado, que su mandil es demasiado caro y que trabaja poco y que en casa del trabajador, pongamos, no se pueden comer boquerones. Y que para solucionar el problema hay que ponerle un mandil más pequeño, rebajarle el sueldo y hacerle trabajar más. Esos señores son lo que se llaman grandes instituciones. El FMI, los Bancos centrales, y así.

Con lo cual, y en esta –vale, simplista- visión, al final, el vendedor de manzanas se va a la mierda por la decisión de unos señores que, a lo peor, no saben ni lo que es una manzana.

O sea, que los mercados no son inocentes. Y, sobre todo, no son independientes. Siempre hay unos señores que manejan el mercado con sus sabios consejos, ajenos a la realidad y con el objetivo de enriquecerse a costa del señor que vende manzanas y del señor que las compra.

En el fondo, todo se reduce a lo mismo: especuladores que trafican y mercadean con el trabajo, el sudor y el esfuerzo de los demás.

Hace unos años, el magnífico y, por desgracia, desaparecido, Joan Baptista Humet cantaba algo que hoy tiene una gran actualidad. Cerremos este comentario con sus versos:

Habrá que hacernos a la idea
que sube la marea
y esto no da más de sí.
Habrá que darnos por vencidos
y echarnos al camino
que no hay nortes por aquí.
Al sueño americano,
se le han ido las manos
y ya no tiene nada que ofrecer,
sólo esperar y ver si cede
la gran bola de nieve
que se levanta por doquier.

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