El relato

25/02/2019

Josep M. Orta.

Que los medios de comunicación están más que politizados es una obviedad. Parece evidente que muchos medios están más preocupados en dar a sus lectores aquello que quieren leer que no de dotarles de instrumentos para que puedan formarse ellos una opinión.

Estos días de sobredosis de noticias contrasta especialmente el tratamiento que dan al “procés” la prensa catalana y la del resto de España. Mientras la primera dedica numerosas páginas en los medios escritos y los audiovisuales retransmiten en directo el juicio, en la estatal la noticia de este acontecimiento ocupa un muy segundo lugar. Claro que en la primera semana fueron los acusados los que protagonizaron las sesiones y ofrecieron un relato que contrastaba radicalmente con el discurso que mantiene la acusación y que han comprado los partidos constitucionalistas. De momento una cosa ha quedado meridianamente clara tanto en las intervenciiones de las defensas como las de la acusación: se trata de un juicio político que se juzga a unos presos políticos.

Esta semana empezarán a comparecer en el Tribunal Supremo los testigos, con varios miembros del antiguo gobierno popular, empezando por Mariano Rajoy, además están convocados numerosos miembros de los cuerpos de seguridad que darán su versión de los hechos.

Es de suponer que estas comparecencias obtendrán en la prensa española un protagonismo que no han tenido en las jornadas anteriores, y no sólo por la calidad de los declarantes si no por que presumiblemente el relato que ofrezcan será mucho más placentero a oídos de algunos que el que han ofrecido los acusados.

En cualquier caso en un juicio lo que valen son las pruebas y no que el pueblo español ya haya condenado a los acusados de la misma manera que el catalán los ha absuelto.

A estas alturas muchos juristas piensan que o bien los fiscales se guardan un as en la manga o el Tribunal Supremo tendrá muchas dificultades para condenados con argumentos convincentes (Estrasburgo está a la espera). Si esto sucede muchos políticos y periodistas tendrán serios problemas para justificar su afición a ser jueces aficionados. De momento el relato de la prensa catalana y la del resto de España es absolutamente divergente, así como la de los políticos constitucionalismos y los nacionalistas y está claro que no todos pueden tener razón.

Las cosas son como son y no como algunos les gustaría que fueran.

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