ARCO y el vodevil de la cultureta

06/03/2019

José María Triper.

Si algo hay que reconocer a ARCO, esa feria internacional que se dice del arte contemporáneo, es que se ha convertido en un fiel reflejo de la sociedad en la que se desarrolla y en el exponente más fidedigno de la mediocridad y el papanatismo de estos tiempos.

Un evento que por su presupuesto y repercusión debería ser un templo de la cultura y que con el paso de los años ha derivado en el vodevil de la cultureta donde junto a una selección de obras maestras, las menos, se agolpa una ingente muestra de vulgaridad y medianía adornada con la guinda anual de la polémica en forma de mamarrachadas que se venden bajo el epígrafe de la provocación cuando no son más que una falta de respeto a la inteligencia y un mausoleo a la falta de talento.

Arropados por la incultura o la provocación de quienes dirigen las instituciones, el papanatismo pedante de muchos críticos, y la ignorancia petulante de una burguesía de pseudoprogres de caviar, cada año en ARCO confunden la creatividad y la libertad de expresión, con la mala educación, la intolerancia y la vulgaridad.

Este año, al lado de la interesante muestra del arte prehispánico, virreinal y amazónico del Perú, las creaciones de Fernando Bryce y Teresa Burga y las obras de maestros reconocidos como Kandisky o Joan Miró la organización nos ha obsequiado con la astracanada del ninot del Rey Felipe VI y el fin para el que se destina, que no es sino un monumento a la necedad y al cretinismo.

Pero lejos de ser una excepción esta perversión del arte se está convirtiendo en una constante de ARCO. Recordar como en la edición de 2018 se invirtieron 80.000 euros en las 24 fotografías de Santiago Serra, tituladas “Presos Políticos en la España Contemporanea”, que como recordaba recientemente David Gistau “podían conseguirse gratis en cualquier cartel de wanted del Ministerio del Interior”. O cuando el catalán Antoni Miralda convirtió las revindicaciones del 15M en una supuesta obra de arte al trasladar a ARCO una de las frases más sonadas durante la acampada en la Puerta del Sol: «no hay pan para tanto chorizo». O el busto con el rostro de la Reina de Inglaterra y los pechos descubiertos que tocaban unas manos. O…

Con estos precedentes y con ridículos como el de también en 2018 cuando críticos y visitantes se esforzaban en alabar en interpretar el significado de unas pinturas que consideraban creaciones de artistas de relieve y no eran más que dibujos de niños que una cadena de televisión había colado para denunciar la petulancia de organizadores y asistentes, pues no me queda más que terminar con la frase final del citado y magnífico artículo de Gistau cuando recomienda que en la próxima edición de ARCO “a ver si incorporamos bombas fétidas que son mucho de reir”.

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