El presidente de Francia ha publicado un manifiesto en varios periódicos europeos verdaderamente extraordinario. En España lo publicó El País. No sé por qué somos tan renuentes y cicateros con los elogios. Parecería que decir que algo es meritorio, que alguien es bueno no se lleva nada. Yo proclamo que Macrón es un europeísta hasta la médula, que tiene ideas y propuestas para Europa que merecen desarrollo, estudio y decisiones. Y me quedo muy a gusto.
Quienes creemos en Europa, en mi caso, mi única militancia, ya que para mí es sinónimo de libertad, tenemos, por fin, alguien en quien creer, después de la gran generación de los Kohl, Delors, Thorn, González… He contado alguna vez el origen de mi europeismo militante. En 1970, algo llovió desde entonces, se firmó el Acuerdo Preferencial de España con la Comunidad Económica Europea. Ullastres, Cerón et alia, habían arrancado a Bruselas un acuerdo muy favorable para la economía española, que Bruselas consideró un gesto de apoyo a los individuos y grupos españoles que acudieron al IV Congreso del Movimiento Europeo celebrado en Munich en 1962, que abrieron los ojos a Europa sobre la dinámica política post Franco. Jaime de Capmany bautizó aquella reunión como Contubernio de Munich.
El régimen se aprovechó de aquello e instrumentalizó el Acuerdo de 1970 como una señal de apoyo al tinglado franquista. Y se puso a ello. Fraga Iribarne, desde el Ministerio de Información y Turismo propuso a los periódicos pagar como publicidad todos aquellos artículos que se publicaran sobre el Acuerdo y a mí me tocó escribirlos en Diario de León, porque era el último en llegar a la redacción. Esa obligación remunerativa para el periódico, dio en devoción mía por aquella CEE que se me desplegó al tener que documentarme ampliamente para escribir. Aquel nuevo horizonte me hizo aún más antifranquista. Y en eso seguimos.
Tras este excurso vuelvo a Macron. Hay muchas propuestas en su artículo. Algunas más hacederas que otras en el corto plazo y otras de desarrollo más lento. Todas llevan al objetivo de una mayor cohesión y, por tanto, a más identificación, que es condición necesaria de mayor integración. Creo que el presidente francés lanza su manifiesto, y me parece bien, como un desafío. Se trata, quiero deducir, de que cuanto más avance la Europa unida, más cohesionada estará, aunque haya quienes se queden en el camino. Avancemos, inicialmente, todos los que estamos. Si alguien se apea, de lo suyo gasta, pero la Europa resultante será más fuerte socialmente, económicamente, políticamente y más determinante en el mundo.
Hay algo que Macron dice con gran inteligencia. Esa Europa no renuncia al Reino Unido, al que deja varios asideros en su artículo-manifiesto. Alguna vez he dicho en este periodo incierto del brexit que el Reino Unido ontológicamente no puede renunciar a ser Europa y no va a hacerlo. Con salida blanda o dura o sin salida, en el Reino Unido habrá millones de personas que pensarán y actuarán como europeos. Macron lo entiende así y también por esa generosidad, merece el elogio.
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