Esperemos que Angela Merkel haya conseguido que todos los países del euro acudan con la misma decisión tomada, que finalmente los Veintisiete den una imagen a los mercados de que todos trabajan en la misma dirección y que el consenso se ha producido para rescatar por segunda vez a Grecia. Si no se salva a Grecia, el problema crecerá.
Nuevamente el presidente permanente del Consejo de Europa, Herman van Rompuy, confirmó por twitter la nueva convocatoria: «el 21 de julio, a las 12,00 horas en Bruselas”. También incluía los temas a tratar, lo que todo el mundo está esperando como agua de mayo como es abordar «la estabilidad financiera de la eurozona y la futura financiación del programa de Grecia”.
Y tras el anuncio su recomendación, que todos los ministros de Finanzas avancen los trabajos preparatorios. Y es que van Rompuy sabe que se tiene que trabajar contrarreloj. Ya no valen excusas y las últimas divisiones entre los dignatarios de la eurozona han puesto en evidencia todas las deficiencias con que se ha construido el euro. El asesor de la Fed, Santiago Carbó, y el asesor del Consejo de Europa, Mario Weitz, coinciden en que el fallo básico de la creación de la moneda única es que no estuvo acompañada por los instrumentos necesarios para gobernarla, como tenía que ser la creación de un Tesoro público europeo, la posibilidad de emitir eurobonos, una política fiscal homogénea o instrumentos comunes para reforzar la competitividad.
Y lo único que se ha hecho hasta ahora es la creación de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), que hasta publicarse los resultados de las pruebas de resistencia este viernes prácticamente nadie conocía. No es de extrañar, porque según confirmó el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, lleva solo seis meses funcionando, cuando el euro se puso en circulación el 1 de enero de 2001, o lo que es lo mismo, más de diez años después ha nacido la EBA.
Carencias como un supervisor común se han echado de menos cuando aún en tiempo de bonanza económica algunos países incumplían el Pacto de Estabilidad (hasta en 62 ocasiones). Tal vez si entonces se hubiera tomado en serio el problema de Grecia no hubiera adquirido la envergadura que ahora tiene. O también que se cumplieran las sanciones, porque países como Francia y Alemania incumplieron, pero ni pagaron ni les pasó nada.
La inacción de los jefes de Gobierno de la eurozona para rescatar por segunda vez a Grecia ha desembocado en la semana más convulsa que ha vivido la eurozona desde su creación. Las discrepancias y falta de acuerdo han actuado como el efecto dominó ampliando el número de países contagiados. Nuevamente Irlanda (gracias a Moody’s), Grecia y Portugal vieron disparar su prima de riesgo, y por extensión, otra vez España, y por ampliación, Italia, que en un visto y no visto ha sacado adelante un programa de ajuste, aprobado en tiempo récord; tan deprisa que ni ha permitido organizar una contestación en la calle la subida de impuestos o la creación de una tasa sanitaria.
Y España se ha puesto en el filo de la navaja. Los expertos coinciden en que el listón de los 400 puntos básicos de prima de riesgo (el martes alcanzó los 380 puntos) es suficiente para pensar en el rescate. También lo es que la rentabilidad por el bono a diez años supere el 7,5% (ese mismo martes alcanzó el 6,2%). Y estando bordeando en estos momentos esos límites, como asegura Weitz, el rescate a España “ya no es descartable”.
El Banco Central Europeo ha hecho hasta ahora lo que ha podido, pero se encuentra maniatado hasta que los jefes de Estado europeo no le digan qué cantidad debe dar y en qué plazos se debe realizar el rescate griego. Eso sí, la única confirmación de que saldrá en ayuda de la deuda soberana de cualquier país de la eurozona ha servido para reducir un poco la presión de los mercados. Y la confirmación de que el fondo de rescate aportará lo que se necesite, todavía ha relajado aún más la presión.
Este lunes se verán las consecuencias de los test de estrés. En un primer momento, los cinco suspensos de España, por mucho que el gobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez, se “niegue” a aceptarlos, ya elevaron la prima de los 310 a los 340 puntos básicos. Menos mal que los analistas y mercados tienen todo el fin de semana para desmenuzar todos los datos y comprobar que es verdad que España no necesita más capital adicional para sus entidades.
Mientras tanto Merkel, que defiende a sus bancos con uñas y dientes, ha mantenido su posición de no reunirse hasta que se viera la posibilidad de llegar a un acuerdo. Tal vez tuviera razón porque así no se volvería a hacer el ridículo y dar más alas a los mercados para su ataque.
En cuanto a Grecia, los expertos coinciden en asegurar que tal vez hubiera sido mejor desde un principio haberle dejado quebrar. Esto hubiera evitado el contagio y los distintos ataques a los países del euro. Ni la propia vicepresidenta primera, Elena Salgado, entiende como una economía tan pequeña, que tan solo representa el 2% del PIB europeo, puede haber montado todo este lío y dejar a los pies de los caballos la deuda soberana de muchos países de la zona euro.
Este jueves los jefes de Estado de la eurozona deberán mostrar firmeza y unidad. Carbó asegura que tendrá que pasar casi un año para que la situación se normalice si es que se da con una salida a Grecia, ya sea un nuevo rescate, o que se la deje caer en el “default” siempre que sea con una reestructuración de su deuda ordenada. Grecia es el primer paso, pero no se descarta que se tengan que dar más, como otro rescate a Irlanda, quién sabe si a Portugal y… tal vez a partir de octubre a España, mes en que deberá refinanciar 22.300 millones que de deuda que vencen entonces.
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