El exdirector general de Supervisión del Banco de España, Mariano Herrera, afirma, en su comparecencia como testigo en el juicio por la salida a Bolsa de Bankia, que la dilución de la participación de BFA en la operación y su consecuente debut a un precio inferior al previsto no suponía un «problema insalvable» ni cuestionaba su «solidez».
Mariano Herrera, quien desde finales de 2018 es director general del Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito, explica que cuando Bankia decidió salir a Bolsa como estrategia para cumplir con los requerimientos de capital presentó un plan de capitalización autorizado por el Banco de España, en el que apuntaba que buscaba captar 3.000 millones de euros con esta operación, si bien solo necesitaba 1.985 millones de euros.
No obstante, el banco presidido por Rato se había marcado un objetivo doble: captar 3.000 millones de euros manteniendo la matriz una participación de al menos un 70%. Por tanto, el descuento debía limitarse a un 40%. En caso contrario, el supervisor estudió la posibilidad de que BFA acabara siendo inviable, aunque se concluyó que no era «motivo suficiente para oponerse».
Finalmente, dadas las condiciones de mercado, Bankia salió a Bolsa con un descuento importante, lo que llevó a que la matriz diluyera su participación hasta el 52%. «El doble objetivo no fue posible, pero Bankia prefirió mantener el de captar los 3.000 millones de euros», precisa Herrera.
«Bankia no era menos sólida y no vimos que esa dilución supusiera un problema insalvable para la matriz», insiste Herrera, que precisa que a quien perjudicaba la menor participación era a las cajas como propietarias de BFA, mientras que favorecía a los accionistas.
La mayor dilución era «peor» para la matriz, ya que implicaba unas mayores posibilidades de tener que sanear, aunque no hacía «necesario un ajuste». «No es que hubiera que hacerlo automáticamente, BFA no pasaba a ser inviable inmediatamente después de la salida a Bolsa», remarca.
Herrera reconoce que conoció el informe de marzo de 2012 que hablaba sobre la inviabilidad de la matriz. «En aquel momento era imposible estimar lo que luego pasaría en la economía. Un error de previsión de tal calibre no se había dado nunca», matiza. Todavía se pensaba que los problemas de la matriz no implicaban «necesariamente» que la filial, Bankia, sería arrastrada.
También hace hincapié en que la decisión de la estrategia de salir a Bolsa, en lugar de permitir la entrada en el capital de inversores extranjeros o la inyección de capital por parte del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), competía únicamente a los gestores de la entidad.
Herrera, quien presentó su renuncia al cargo en el Banco de España en febrero de 2017 después de que la Audiencia Nacional le citase a declarar como investigado (imputado) por el ‘caso Bankia’, asegura que el Banco de España constató que las siete cajas que constituirían el SIP que dió origen al grupo BFA-Bankia disponían de las provisiones suficientes para posibles deterioros en los dos años siguientes en su contratación. «El Banco de España estuvo de acuerdo, se entendió que serían suficientes para dos años», recalca.
Herrera precisa que el Banco de España solamente debía dar el visto bueno a las provisiones, ya que su competencia se limita a lo «prudencial», no a lo «contable». «El auditor es el que el mira si están bien hechas o no. Al Banco de España lo que le importa es que esas provisiones se han hecho», concluye.
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