Ha tenido que volver a pasar para que el debate vuelva a la sociedad y a los políticos, que en la legislatura que acaba de terminar, una vez más dejaron la Ley de Eutanasia para cuando a ellos les venga bien. No importa el padecimiento de los ciudadanos ni la impotencia de sus familiares.
Y cada vez más los ciudadanos pedimos que tener una muerte digna se convierta en un derecho, que únicamente se puede conseguir teniendo una ley, y una ley se aprueba en el Congreso. Sin duda, estos días se convertirá en un tema recurrente de la campaña electoral de esos mismos políticos que dejaron pasar la oportunidad cuando tuvieron la ocasión.
Ángel ha tenido que ayudar a morir a su mujer María José para que de nuevo la eutanasia vuelva a convertirse en un debate central. María José, con más de 30 años de sufrimiento a sus espaldas ya no podía más. La morfina no mitigaba su dolor y José únicamente podía ayudarla mañana, tarde y noche a sus necesidades más perentorias, pero no a calmar su dolor.
Ninguno de los dos querían poner en peligro a ninguno de los doctores que seguía su enfermedad (la ELA), por eso ni se les pasó por la cabeza una sobredosis de morfina, que ya no causaba efecto en el cansado y enfermo cuerpo de María José. Hasta en eso pensaron. Y María José por si sola no podía suministrarse ni hacer nada para morir. Y ella quería… ansiaba dejar de sufrir tanto dolor.
Los políticos no les habían dado la solución y ellos la buscaron, de mutuo acuerdo e intentando que el Código Penal sea lo más benévolo posible con Ángel, que se enfrenta a cárcel de entre 2 y 10 años.
«Yo haría lo mismo», «es el mayor acto que se puede hacer por amor»… era el sentir general después de conocerse el suceso en todas las tertulias radiofónicas y televisivas. Todos lo justificaban, y hasta la Iglesia, que no puede aceptarlo, si pedía que no haya condena para Ángel.
Porque Ángel vivió durante las veinticuatro horas del día, de cada día de esos 30 años de lucha contra la ELA, la enfermedad de su mujer, queriéndola, amándola, cuidándola y siendo el responsable de cada uno de los segundos de vida de María José. ¿Qué podía hacer cuando su mujer, agotada, en fase terminal, llena de dolor, le pidió que la ayudara a morir porque ni podía quitarse la vida? Tuvieron muchos meses, muchas semanas, muchos días, muchas horas para pensar en cómo hacerlo para que María José dejara de sufrir y Ángel no fuera a la cárcel. Y lo hicieron. Y ahora Ángel espera su veredicto, aunque asegura que seguirá luchando para que la eutanasia sea posible en España, para que las María Josés o José Luis Sampedros puedan elegir su muerte cuando ya no quieran seguir con su padecimiento y dolor, llevando una vida indigna, y eligiendo cuándo y cómo morir.
Una vez más las necesidades de los ciudadanos siguen sin ser escuchadas por los políticos, que miden sus acciones por votos y para marcar diferencias con sus rivales.
Por favor, la eutanasia ya.
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