No son tiempos de mayorías

12/04/2019

Maite Vázquez del Río.

Acaba de comenzar la campaña electoral. Desde la clásica pegada de cartel de Pablo Iglesias, con Alberto Garzón (IU) de ayudante, y ninguna mujer de Unidas Podemos, hasta la más original protagonizada por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que estuvo en Pedraza, porque ahora toca acordarse de la España despoblada, y al mismo tiempo su holograma se paseó por Madrid. Pablo Casado dio el chupinazo de salida en el Retiro madrileño, y Santiago Abascal ya ha comenzado a hablar con Don Pelayo. Por último, Pedro Sánchez descentralizó el acto yéndose a Dos Hermanas, cerca de Sevilla, donde comenzó su periplo en solitario hace casi dos años para hacerse con las riendas del PSOE.

Cinco líderes que se disputan ir a vivir a La Moncloa, con más de un millón de electores  indecisos y con las encuestas mostrando que en España se acabaron las mayorías absolutas. En las anteriores elecciones fueron cuatro los partidos que aspiraban a gobernar, ahora son cinco.

La historia reciente nos ha mostrado que desde que el bipartidismo se acabó se necesitan políticos que den la talla, que sepan negociar, tender lazos, escuchar al contrario y buscar soluciones. El partido político, sea del color que sea, debe dejar de ser lo prioritario, y pensar más en los intereses de los ciudadanos, en pacificar las áreas conflictivas e intentar que la economía, el bienestar social, la Justicia, la enseñanza, la sanidad funcionen a velocidad de crucero.

Hasta la crisis que estalló en 2007 España era la envidia de muchos otros países. Pero la crisis trajo todo lo peor: los recortes en las áreas más sensibles de la sociedad, aquellas que muestran la salud real de un país. Y el resultado fue que fuimos rescatados, la banca fue rescatada mejor dicho, y la clase media española sigue sufriendo desde entonces lo indecible intentando levantarse de la caída estrepitosa a la que le llevó el paro y los malos consejos del FMI y Bruselas.

Ahora intentamos levantar cabeza, pese a que vemos amenazadas las pensiones; pese a que los jóvenes siguen teniendo muy difícil encontrar un empleo digno en condiciones y salario; pese a que los mayores de 52 años también lo tienen más que complicado y se les ofrece una pequeña subvención que podría durar hasta el resto de sus días; pese a que nuestros hombres y mujeres de ciencia deben marcharse para poder seguir investigando y vivir… pese a que existe la sensación de que aunque la economía dice que crecemos, vivimos peor y nuestras expectativas no son nada halagüeñas.

Así las cosas, que los políticos se enreden en tu dijiste o hiciste esto y conteste el otro, y tú más, suena a risa. No han sabido ganarse la credibilidad ante los españoles. Tengo la sensación que siempre que nos hablan nos están mintiendo, que sus promesas no se cumplirán y que ahora que nos prestan atención es sólo porque tenemos que votarles. En cuanto se cierren las urnas, volverán a lo mismo, a olvidarse de los ciudadanos y montar los bochornosos espectáculos más propios de mercadillo o bar que del hemiciclo del Congreso de los Diputados. Y en tiempos de campaña electoral deberemos asistir a espectáculos y acusaciones barriobajeras.

Pero, como decía, las mayorías absolutas se han acabado. La derecha está dividida en tres partidos, y la izquierda en otros tres (IU, pese a ir con Podemos, no ha desaparecido). Y esa división debilita a todos. Sin bipartidismo, el voto está mucho más repartido. La primera en vivir esa reducción de escaños fue la izquierda. El PSOE dejó de ser lo que era cuando apareció Podemos en la escena política; al PP, aunque no en tanta medida, le pasó lo mismo con Ciudadanos. El problema es que ahora ha surgido VOX, y ahí sí que verá su número de diputados mermado de forma sustancial.

Tenemos unr ejemplo de lo que sucederá en Andalucía. Pese a ganar el PSOE, PP se alió con Ciudadanos y VOX, y gobierna, mal que le pese a Susana Díaz y pese a que Abascal empiece a recordar a Casado que debe cumplir lo prometido. O en Cataluña, donde Inés Arrimadas fue la más votada, pero Torra y sus compañeros independentistas le quitarón el sillón de la Generalitat.

Veremos qué ocurre ahora. Pedro Sánchez parece que lleva las de ganar. Lo dicen las encuestas. Pero ahora la mayoría (176 escaños) está muy cara. Deberán hacerse promesas, buscarse aliados a largo plazo y no como con la moción de censura, cuyos apoyos desaparecieron a la primera de cambio. Deberían pensar en que sus compromisos se deben cumplir y pensar que los españoles nos meremos estabilidad y un buen gobierno.

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