Teatro del absurdo

17/04/2019

Luis Díez.

Mal debe andar el principal partido de la derecha cuando ha prescindido de una mujer como la exministra de Trabajo, Fátima Báñez, en su candidatura de Huelva y ha colocado de cabeza de lista a un desequilibrado por la desgracia personal. El señor Cortés no hace honor a su apellido. Su valentía para acusar al dirigente socialista y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de “sentarse a la mesa con asesinos, criminales, violadores y pederastas” se puede interpretar como la excrecencia de las neuronas averiadas por el odio y la venganza de quien ha sufrido la pérdida de su hija. Pero los improperios de este hombre suscitan otras reflexiones.

La primera es que, en efecto, el principal partido de la derecha sufre más fracturas que los meniscos de Luis Suárez antes de que se los quitaran. Con los “sorallistas” despedidos o sometidos al ostracismo y los “cospederos” finiquitados, el baile de tránsfugas a los partidos hermanos constituye un desperdicio de materia gris. Pérdida cuantitativa en Andalucía y significativa en otros lugares. Véase lo ocurrido en Castilla y León con aquella tránsfuga del PP que el presidente del C’s, Albert Rivera, colocó de candidata a la jefatura del gobierno autonómico. Adviértase también la trayectoria del cabeza de lista de la ultraderecha Vox en Valencia, Ignacio Gil Lázaro, como veterano diputado del PP desde que Manuel Fraga, que en paz descanse, descubrió su fogosa oratoria. Para compensar las pérdidas, el presidente nacional Pablo Casado, ha echado mano de famosos, aunque sea por su desgracia, para conseguir votos.

La segunda reflexión suscita la duda de si los candidatos motivados por afanes justicieros derivados del odio y la venganza pueden ser los legisladores más convenientes para este país, por cierto, con menores índices de delitos que la mayoría de nuestro entorno. Nadie está exento de sufrir una desgracia tan terrible como la del señor Cortés, pero esto no le da derecho a vilipendiar al presidente del Gobierno. De hecho, no atacó a Rajoy. Si su mentor Casado buscaba un “valor seguro” podía haber sacado del ostracismo a Alberto Ruiz Gallardón, autor de la gran innovación histórica antes llamada cadena perpetua y ahora “prisión permanente revisable” cuando el PP tenía mayoría absoluta y practicaba el populismo penal. Gallardón tenía la ventaja de que coincidía con Casado en otra innovación histórica como la penalización del aborto que el nuevo líder popular pretende rescatar.

Cierto es que el olvidado jurista (fiscal de carrera) era un hombre cortés y se abstenía de insultar a los adversarios. Y tal vez Casado, en la actual coyuntura no deseara sombra sino neuronas espejo. Y esta es la tercera reflexión: visto el magisterio del jefe, se entiende todo lo demás, es decir, la competición de exabruptos entre los airados líderes y candidatos de las derechas contra Sánchez, el “sanchismo” y, desde luego, contra la orientación socialdemócrata del PSOE y de Unidos Podemos, a los que, como antiguamente, llaman “comunistas”. Tremendo. Las neuronas espejo reproducen el mensaje del maestro. El del señor Casado, con Rivera y Abascal pisándole los talones izquierdo y ultraderecho, es el mensaje de la desgracia, el odio y la fatalidad. Sus palabras afirmando que Sánchez prefiere a los amigos de los terroristas de la extinta ETA o “aliados con las manos manchadas de sangre” evocan el teatro del absurdo, la obra de Ionesco del maestro sin cabeza. Cuando los alumnos se extrañan de que no tenga cabeza, él contesta: “El maestro no tiene cabeza porque no la necesita, que por algo es el maestro”.

Se dirá, con razón, que si no tiene cabeza tampoco tienen neuronas. Pero en el teatro del absurdo de esta campaña basta con la iluminación del oligopolio televisivo y la ración de sandeces de las redes sociales para no pasar del improperio al razonamiento, de la vacuidad  al contenido y de la posverdad a la realidad. Lo curioso del caso (la posverdad) es que ellos crean su verdad (siempre negativa y falsa), la difunden y la atribuyen al enemigo de España. Es tremendo. Pero es una técnica tan vieja como la democracia de Pericles. Y esta es la cuarta reflexión a modo de duda: ¿Lo hacen para soslayar los problemas de la gente, que, desde luego, todos van a resolver a base de insultos e improperios? No lo sabemos. Pero con majaderías como abortar en Nueva York después de nacer o ser familia numerosa en Madrid sin haber nacido no parece que quieran resolver nada. Es tremendo. Por no hablar ya de los “nazionalistas” de la España una, sin negros ni moros, y de los que van sembrando vientos en Cataluña (y en Euskadi a cuenta del “cuponazo” y el ruido en Alsasua), y luego, cuando recogen caceloradas e irritación del personal sin acceso a las televisoras para insultar, invocan la protección de oficio de la Fiscalía del Estado. Un poco de cabeza, magisterio y liderazgo sensato sería menester.

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