La falta de propuestas concretas ensucia el primer debate electoral

23/04/2019

Miguel Ángel Valero. Iglesias, Sánchez, Rivera y Casado se enzarzan durante casi dos horas en un auténtico diálogo de sordos en el que no fueron capaces de formular iniciativas de calado ante las cámaras de la televisión pública.

Un diálogo de sordos. Casado y Rivera (arremetiendo con una fotografía de la visita de Torra a La Moncloa) tratando de arrancar a Sánchez un reconocimiento de que indultará a los «golpistas» catalanes, mientras el presidente del Gobierno se escapa alegando que  «no puede haber indulto preventivo y tampoco la negación preventiva del indulto» antes de que haya sentencia firme.

Rivera tratando de arrancar a Casado que va a pactar con los nacionalistas vascos, echándole en cara la corrupción: «Señor Casado, usted habla del pasado, de los gobiernos de los años 90 del PP ¿Sabe donde está el milagro económico del PP? En la cárcel. No nos hable del pasado, miremos al futuro porque Rato no es el ejemplo ni Montoro para política fiscal». Lo hace mientras sujeta la fotgrafía del ministro de Economía de los Gobiernos de José María Aznar, Rodrigo Rato, cuando fue detenido e introducido en un coche policial por un agente.  El líder de Ciudadanos repitió exactamente una frase pronunciada por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en el debate de los Presupuestos.

También le ha echado en cara que cuando era diputado del PP por Ávila votara a favor de la mayor subida de impuestos de la historia, realizada durante la etapa de Mariano Rajoy: «Usted estaba ahí «.

Pero invita a Casado a un pacto con Ciudadanos siempre que sea para hacer una política «liberal» y que «mire hacia el futuro».

Pedro Sánchez, que eludió contestar las insistentes preguntas de Pablo Iglesias sobre si pactaría con Ciudadanos, protagonizó el momento más duro, al interpelar a Casado: «Ustedes han apoyado 127 iniciativas con Bildu en el Parlamento vasco ¿De qué color tiene usted manchadas las manos?. Con habilidad, ha vuelto contra el candidato del PP la frase con la que éste inició su campaña electoral: «Sánchez prefiere las manos manchadas de sangre a las pintadas de blanco», para reprocharle el apoyo de EH Bildu a los últimos decretos sociales del Gobierno, y «de amarillo», para afearle el respaldo de los independentistas catalanes.

Pablo Iglesias, que invitó a Sánchez a lograr un pacto tras las elecciones, sorprendió al optar por la Constitución como hilo conductor de sus intervenciones. Primero cita el artículo 31, «Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio», para defender la bajada de impuesto para las clases trabajadoras, la reducción del IVA en los productos de primera necesidad , y un incremento de la presión fiscal para los grandes patrimonios.

Luego apela al artículo 47, «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos», para plantear medidas  contra la temporalidad en el mercado de trabajo, acabar con la figura de los falsos autónomos  y regular el mercado inmobiliario (reprochando a Sánchez su inactividad en este asunto: «¿Por qué no se atreve el Gobierno a intervenir el precio de la vivienda?».

A Pablo Casado y Albert Rivera les dijo que «solo les interesa la Constitución para acordarse del artículo 155, el resto de artículos que hablan de vivienda o pobreza no les interesa».

El líder de Podemos, que se presentó como el principal garante de que la Constitución se cumpla en su literalidad frente al bloque «constitucionalista», como se autodefine Rivera, fue el que más trató de hacer propuestas concretas.

La revolución fiscal pendiente

Porque el primer debate electoral queda marcado por la obsesión de que se rompe España y por la corrupción, pero sobre todo por la ausencia de propuestas. Casado promete «la mayor revolución fiscal que se ha visto en España», con reducciones muy significativas (pero sin concretar cómo serán) de los tipos impositivos en el IRPF y el Impuesto de Sociedades y la liquidación del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, el de Patrimonio y el de Actos Jurídicos Documentados para poner en el bolsillo de los españoles unos 700 euros de media.

Pablo Iglesias defiende bajar los impuestos a las clases medias, los autónomos y las pymes, «que ya pagan suficientes», y subir la recaudación global a golpe de elevar los impuestos a los grandes patrimonios y a la banca, a la que acusó de no pagar por el Impuesto de Sociedades cuando ha recibido 60.000 millones de euros para su saneamiento.

Albert Rivera se apunta a acabar con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones y a rebajar el IRPF a las clases medias.

Pedro Sánchez, al que Casado acusó de recaudar 6.000 millones de euros extra en impuestos en solo nueve meses, replica que el recorte fiscal de 18.000 millones de euros aplicado por el PP supone el 25% del gasto sanitario anual, un tercio del gasto educativo y todo el déficit del sistema público de pensiones.

Prácticamente ninguna propuesta concreta sobre cómo atajar el drama del paro, o sobre cómo hacer sostenibles las pensiones. Y realmente sobre casi nada.

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