Vaya ejemplo

26/04/2019

Josep M. Orta.

Uno está estupefacto con la actitud durante esta campaña electoral de muchos de los aspirantes a representar a los ciudadanos. El lenguaje barriobajero que utilizan algunos, las descalificaciones personales, declaraciones racistas y sexistas de algunos candidatos, las xenófobas de otros (o de los mismos), posturas fascistoides, amenazas, falta de respeto a las minorías, falta de respeto a la presunción de inocencia…. aparte de las mentiras que no por decirlas mil veces dejan de ser menos mentiras… En fin el panorama que dibujan unos y otros es catastrofista, de alguna manera se puede resumir en el “o yo o el caos”.

En el debate político se puede ser muy duro, incluso cruel con el adversario pero ello no está reñido con el respeto a quien piensa diferente, la educación, con la mesura de las palabras, con el tono de voz y, sobretodo, con los argumentos. No por mucho gritar se tiene más razón ni los planteamientos de cada cual son más convincentes. A veces una mirada, una sonrisa sarcástica es más que suficiente para desmontar una argumentación. Además, la base de la política es ofrecer propuestas y con ellas iniciar el diálogo y la negociación, pero si se parte de los exabruptos difícilmente se puede llegar a una parte. A veces el contraste de pareceres se confunde con demagogia y la política con un espectáculo circense.

Pero lo que es preocupante en la era de la informática y de las redes sociales es el ejemplo que la clase política está dando a los jóvenes. Con el espectáculo que les estamos ofreciendo, si los padres de la patria se permiten esta actuación, cómo se puede enseñar civismo en las aulas o como se puede justificar que la actividad política es un elemento esencial para la convivencia. Y pensar que son ellos los que serán responsables de la educación, del civismo, de la convivencia es para poner velas a no se qué santo. Si los jóvenes imitan a los mayores, menudo futuro que nos espera.

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