Irreflexiones para un fin semana

26/04/2019

Hernando F. Calleja.

Suena de fondo la suite Orquestal número 3 de Juan Sebastián Bach, no me pregunten por qué. A lo mejor es que para reflexionar hay que elevarse un poco, y para irreflexionar, que es lo que me propongo, también conviene. Lo de irreflexionar cuando a todos se les pide reflexión se corresponde con mi ya reiterada actitud de no jugar en esta partida cuyas normas están viciadas. Quede por delante que mi abstencionismo formal y riguroso en ningún caso es proselitista. Se lo repito a mis amigos cuando me requieren a que deponga mi pereza. Si yo no os pido abstención, vosotros no me pidáis participación.¡ Ale, otro verdejo, bien frio!

Hoy, mi irreflexiva referencia me la pone a tiro ese portento que ha sido hasta hace bien poco Rafael Sánchez Ferlosio. Le pillé escribiendo: “El peculiar fariseísmo, casi profesional, de la política se ve en la inclinación a acreditarse y recomendarse al público no por la cualidad, sino por la identidad antagónica en la lucha. El contra quién, ni siquiera el contra qué, suele ser para el público la más segura y fiable de las definiciones”.

Varias cosas me sugiere el párrafo. La primera que no alude ni al pueblo, ni a la gente, ni a las masas, ni a la ciudadanía, habla del público. Y lo hace con absoluta propiedad, confiriendo a la política, por deducción no temeraria, la condición de espectáculo. Y bien que lo es si contemplamos a esos cómicos de la legua modernos que van de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo desplegando la carpa para una función fugaz y vuelta al autobús, que quedan unos bolos por representar.

Otra sugestión que el escritor plantea es la  identidad del político que, en su opinión (y sin abuso de confianza, también en la mía) construye “la propia bondad con la maldad ajena”. Una última cita, para que no parezca que hoy estoy remiso a escribir por cuenta propia. “Identidad es negación, execración y destrucción del otro y el otro es siempre el malo sobre quien se expulsan y proyectan todos los propios demonios interiores”.

Bach se ha fugado del ambiente. Ya sin música de fondo, intento irreflexionar todavía un rato más, por si algún despistado posa sus ojos sobre este artículo antes de lo irremediable del domingo. Y me doy cuenta de que todo lo que va por delante no parece sino una invitación a que los electores voten de conformidad íntima consigo mismos.

Voy y pongo a Telemann. Suena bravísima la trompeta de Wynton Marsalis, un músico de jazz que toca el barroco o un músico barroco, tardío, que toca jazz.

-Oiga, ha contribuido mucho a mi confusión sobre las elecciones del domingo…

-Agradézcamelo. De eso se trataba.  

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