Escenas con Puigdemont

15/05/2019

Luis Díez.

En la política y en el cine alguien se ha de ocupar de las escenas que han de venir.  La de mayor interés parlamentario será la presencia de Oriol Junqueras y sus tres compañeros electos para jurar o prometer la Constitución el próximo día 21 de mayo y adquirir la condición de parlamentarios del Reino de España que les da derecho a sueldo y dietas. El tribunal que los juzga ya ha dictado el guión: serán conducidos por la Guardia Civil hasta la verja del Congreso o la plaza de la Marina en el caso del senador Raúl Romeva, que fue eurodiputado de IU y se pasó a ERC; cumplirán el trámite y volverán al trullo, en Soto del Real. Como hay gente para todo, la policía deberá mantener el orden entre los vociferantes y abanderados a favor y en contra.

Las tomas de mayor suspense de la película de los independentistas catalanes vendrán más tarde y tendrán de protagonista al expresident catalán huido de la Justicia española, Carlos Puigdemont. Este enemigo declarado del peine se ha tomado a pie juntillas el significado de su primer apellido, “cima del monte”, y ha ganado en el Tribunal Constitucional la primera batalla frente a la mayoría de Junta Electoral y contra los dirigentes del PP y C’s, Casado y Rivera, que pretendían anular su candidatura al Parlamento Europeo. Los del dúo sacapuntas han quedado con cara de pánfilos y los de la Junta Electoral Central han recibido un sopapo jurídico catedralicio, pues el derecho fundamental al sufragio pasivo sólo puede ser anulado por condena judicial firme.

A partir de ahí, el inquilino de la mansión de Waterloo y expresident designado por Artur Mas, quien, a su vez designó al actual representante, Joaquín Torra, aspira a adquirir la inmunidad como eurodiputado en los comicios del día 28 y regresar “triunfant” a Catalunya, posiblemente escoltado por decenas de regidores del PDeCAT con su bastón de mando en las manos y aclamado por la multitud independentista. Para llegar adquirir la condición de eurodiputado tendrá que ir a Madrid, recoger la documentación que le acredita como eurodiputado electo, “jurar o prometer la Constitución del Estado español y ser incluído en la lista que las autoridades españolas comunicarán al Parlamento Europeo”. La constitución de la eurocámara está prevista para el 2 de julio.

El guión del actor Puigdemont, de cuya fuga se derivó la prisión preventiva de sus colegas y el impagable beneficio de los lazos amarillos, ha sido escrito por los servicios jurídicos del propio Parlamento Europeo a petición de su presidente Salvini y lleva fecha de 25 de marzo pasado, de modo que el vecino de Waterloo sabe desde hace dos meses que puede ser detenido en cuanto pise territorio español. He ahí el suspense. Si el juez que lo declaró en rebeldía no anula su orden de arresto, la policía tendrá que detenerlo en cuanto se halle bajo su jurisdicción. ¿Podrá jurar o prometer la Constitución por video conferencia? ¿Será válida la certificación de la Junta Electoral Central mediante fotocopia o buro fax? Jurídicamente nada lo impide. Sin embargo, la situación se complica y el suspense sigue en el aire.

Si la informática y las telecomunicaciones ayudan a un político independentista a adquirir la inmunidad, convertirse en intocable, y seguir combatiendo al Estado al que representa y del cual percibe un salario neto superior a 10.000 euros mensuales, la Justicia española tendría que esperar a que dejara de ser eurodiputado para enfrentarlo a sus responsabilidades. Aunque el jurio o el perjurio telemático sea válido, no es serio. Lo honrado y sensato sería no votar a ese Puigdemont del que, por lo demás, ni sus colegas de ERC ni sus antiguos aliados del PNV quieren saber nada. Por mal compañero y mala gente.

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